El Congreso colombiano tiene previsto debatir el miércoles el archivo de una polémica reforma constitucional al sistema de justicia y que tiene por primera vez al presidente Juan Manuel Santos en un aparente pulso de fuerza con sus hasta ahora leales bancadas legislativas.

Aunque la unidad de la coalición del gobierno parece no estar amenazada, la controversia surgida con la reforma puso en evidencia algunas grietas y las posibles dificultades que podría tener Santos para aprobar nuevos proyectos de ley a partir del 20 de julio, cuando comience un nuevo período de sesiones tras su tradicional asueto de mediados de año.

El debate de la jornada, que se extenderá hasta el jueves, fue convocado por Santos el domingo en medio de la ola de críticas en los medios de comunicación y las redes sociales sobre los efectos de la reforma constitucional en caso de entrar en vigencia.

"Le pido al Congreso, frente a todos mis compatriotas, que archive este proyecto que, en su redacción final, no sólo es inconstitucional e inconveniente sino que, además, contraría la expresión prácticamente unánime de la opinión pública", dijo Santos la noche del martes en una alocución televisada al país desde la casa de gobierno.

El texto de la reforma judicial, que fue aprobado en el último día de sesiones ordinarias el 20 de junio tras más de año y medio de debates impulsados por el gobierno, quitó a la Fiscalía General la facultad para llevar las investigaciones de ministros, magistrados, embajadores, gobernadores, generales y almirantes, entre otros funcionarios con fuero.

Con los cambios aprobados sería una nueva sala de la Corte Suprema de Justicia, aún por crear, la que llevaría esas investigaciones y por consiguiente unos 1.500 procesos de averiguación que adelanta ahora la Fiscalía quedarían paralizados y los investigados en libertad, según han advertido el propio Santos y la Fiscalía General.

Ante las críticas, el gobierno detuvo la publicación de la reforma en el diario oficial, un tecnicismo para evitar que entrara en vigencia, y poco después llamó a las sesiones extraordinarias para archivar el texto y detener lo que el propio mandatario calificó de un horror de reforma.

Aunque en el Senado de 102 miembros el gobierno tiene mayoría y sólo son oposición declarada los ocho senadores del izquierdista partido Polo Democrático Alternativo, que rechazó la reforma, ni el presidente ni sus ministros han explicado aún cómo sus bancadas aprobaron tales cambios de último minuto sin su conocimiento.

El presidente, sin embargo, "logró más o menos con éxito desmarcarse ante la opinión pública" de lo hecho por el Congreso y "aparece como quien la rechaza" la reforma, dijo en diálogo telefónico con The Associated Press Bibiana Clavijo, investigadora asociada y especialista en marketing político de la Universidad del Rosario, en Bogotá.

Pero ante una posible reelección --que Santos ha dicho que comentará el año entrante--, su popularidad y la relación con los legisladores, "las consecuencias están aún por verse", dijo.