El ultraderechista Anders Behring Breivik, autor confeso de los atentados del 22 de julio en Noruega, en los que murieron 77 personas, defendió hoy ante el tribunal de Oslo donde se le juzga la actuación de la Policía.

En la vista judicial en la que declararon los últimos supervivientes de la masacre de la isla noruega de Utøya, Breivik dijo que "la Policía hizo lo que pudo y no pudo hacer más".

"Tengo entrenamiento militar al máximo nivel, he estudiado sus rutinas, tiempo de respuesta y armas. Quería acabar la misión antes de que la Policía llegara. Sólo me pueden culpar a mí, la Policía hizo lo que pudo y no pudo hacer más", declaró Breivik en el tribunal, según el relato difundido por la televisión pública noruega NRK.

Breivik iba vestido con un uniforme de policía cuando atacó el campamento de las Juventudes Laboristas en Utøya, disparando indiscriminadamente.

Håvard Gåsbakk, uno de los mandos policiales de la operación para neutralizar al acusado en Utøya, señaló que tras ser detenido, Breivik les aclaró que los agentes no eran su objetivo y que los consideraba sus "hermanos".

El extremista noruego, de 33 años, avisó además de que se trataba de un "golpe de Estado" y que pretendía "salvar a Noruega de la islamización", dijo Gåsbakk.

Breivik aseguró en su turno que hizo esas declaraciones porque contaba que cuando las fuerzas especiales vieran la matanza, "estarían emocionalmente inestables y probablemente me dispararían".

"Estaba tranquilo y dio mensajes cortos y concretos. Hablaba como un soldado", declaró Gåsbakk, cuya imagen de Breivik como una persona que actuaba con frialdad y tranquilidad coincide con la de casi todos los testigos que han declarado en el juicio en Oslo.

Gåsbakk confesó su preocupación cuando Breivik les dijo que había otras dos células terroristas listas para actuar en Noruega, aunque la Policía y la Fiscalía hace tiempo que creen que es una invención del propio extremista.

"Nos resultaba difícil entender que un solo hombre pudiera haber causado tanto daño como vimos a nuestro alrededor", admitió Terje Klevengen, líder de las fuerzas especiales que capturaron a Breivik.

Durante la comparecencia de varios mandos policiales que intervinieron en la isla quedaron en evidencia algunos errores de actuación, pero la juez interrumpió varias veces las preguntas de los representantes de las víctimas apelando a que esas cuestiones ya están siendo investigadas por una comisión parlamentaria.

La vista de hoy se abrió con el testimonio de Adrian Pracon, el último de los 33 supervivientes de la masacre en el campamento de las Juventudes Laboristas en Utøya que han sido llamados a declarar por la Fiscalía.

Pracon, que finalmente resultó alcanzado por un proyectil en el hombro, no fue blanco inicialmente del ultraderechista, porque Breivik decidió no dispararle cuando estaba a pocos metros de él.

Según declaró durante el juicio, Breivik apeló a que Pracon tenía cara de ultraderechista y que le recordaba a él mismo, una explicación con la que el joven no se mostró hoy de acuerdo.

"Me sorprendió mucho. No soy nada de lo que él representa, y que él vea algo malo en mí, no me preocupa lo más mínimo", afirmó.