El presidente de Honduras, Porfirio Lobo, destituyó al director de la Policía Nacional, José Ricardo Ramírez, informó hoy el ministro de Seguridad, Pompeyo Bonilla.

El sucesor de Ramírez es Juan Carlos Bonilla, quien fue juramentado anoche por Lobo en su residencia particular y asumirá a primeras horas de hoy, indicó escuetamente Bonilla a periodistas.

El ministro de Seguridad no precisó las razones por las que Lobo destituyó a Ramírez, pero la decisión la tomó horas después de que el mismo Bonilla confirmara que un policía que cumple una condena y que está implicado en el secuestro y posterior asesinato del periodista Alfredo Villatoro, sigue recibiendo salario de la Policía Nacional.

Se trata de Miguel Ángel Álvarez, quien cumple una condena en un presidio del oriente de Honduras por homicidio y fue sentenciado desde marzo de 2011.

El periodista Alfredo Villatoro, quien era coordinador de noticias de la influyente radio HRN en Tegucigalpa, fue secuestrado el 9 de mayo y asesinado el pasado día 15 de dos balazos en la cabeza.

La denuncia de que Álvarez seguía recibiendo salario de la Policía Nacional la hizo el lunes la rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), Julieta Castellanos, quien desde octubre de 2011 exige la depuración total de la Policía Nacional.

Ramírez es el segundo director de la Policía Nacional destituido desde octubre pasado, tras la implicación de un suboficial y varios agentes de la institución en el asesinato de dos jóvenes universitarios, uno de ellos hijo de la rectora de la Unah.

El oficial destituido sustituyó en el cargo a José Luis Muñoz a finales de octubre de 2011.

El asesinato de los dos universitarios marcó el inicio de un proceso de depuración de la Policía Nacional, pero hasta ahora no ha habido la suficiente voluntad política para hacer cambios en toda la estructura de la institución, según la rectora de la Unah y sectores de la sociedad civil que exigen reformas profundas.

La Policía Nacional tampoco ha podido frenar la ola violencia criminal que vive Honduras, donde a diario son asesinadas un promedio de unas quince personas.