Ansioso de demostrar que no está demente, el asesino confeso Anders Behring Breivik dijo a una corte el lunes que las dudas sobre su salud mental son parte de un complot racista para desacreditar su extrema ideología antimusulmana.

Breivik, quien reconoce haber matado a 77 personas con una bomba y a tiros en un campamento juvenil en la isla de Utoya, dijo que nadie hubiera solicitado un examen psiquiátrico si él hubiera sido "un yihaidista de barba".

"Pero como soy un nacionalista activo, estoy sujeto a un grave racismo", dijo. "Ellos están tratando de deslegitimar todo lo que defiendo".

Breivik rechaza los cargos criminales por la masacre del 22 de julio de 2011 al decir que las víctimas traicionaron a su país al aceptar la inmigración.

Incluso la defensa reconoce que prácticamente no existe una posibilidad de absolución, por eso el tema a dirimir en el juicio es si Breivik está demente en términos judiciales.

Dos exámenes psiquiátricos llegaron a conclusiones opuestas en ese punto. El mismo Breivik insiste en estar cuerdo y acusa a la fiscalía de tratar de hacerlo parecer irracional.

"Se que estoy en riesgo de terminar en un manicomio y haré lo necesario para evitar eso", dijo a la corte.

Breivik se puso a la defensiva después de que los fiscales lo interrogaron sobre el manifiesto de 1.500 páginas que subió a internet antes de los ataques. En él describe uniformes, medallas, saludos y códigos de conducta para los "Caballeros Templarios", el grupo extremista al que asegura pertenecer, pero los fiscales no creen que exista.