EL COBRE, CUBA — Tiene un rostro aindiado, un manto dorado y apenas 35 centímetros de altura, pero la pequeña figura de la Virgen de la Caridad del Cobre carga sobre sí el peso de ser símbolo de toda la nación, de su historia, sus alegrías y sus dolores.

Patrona de Cuba, respetada hasta por los más escépticos, la imagen de la Virgen con el niño Jesús en el brazo izquierdo y una cruz en el derecho cumplió 400 años desde que fue encontrada flotando en el mar y como regalo recibió la visita del Papa Benedicto XVI.

Vestido de impecable blanco, el Papa se postró este martes --en la segunda jornada de su gira por Cuba-- en una alfombra roja ante ella y oró por algunos minutos.

Para los católicos no hay duda de que la imagen, colocada sobre un pedestal de plata de 55 centímetros es la Virgen de la Caridad. Pero para los más eclécticos se trata de Ochum, la deidad que sincretiza las tradiciones de origen africano y que dieron lugar a la santería, profesión de fe de muchos cubanos.

"Ella es la madre, la que nunca te deja", explicó a The Associated Press el académico Enrique López Oliva, profesor de Historia de las Religiones de la Universidad de La Habana. "La que nunca abandona a sus hijos, sean como sean y piensen como piensen... sea vista como la Virgen de la Caridad o sea Ochum", agregó.

La familiaridad con que los cubanos la tratan en la isla la convirtió en "Cachita", un apelativo amoroso para Caridad, nombre que se pone por igual a hombres y mujeres y con el que se los llama popularmente.

"Es un símbolo. La madre de todos los cubanos, del signo que sean y estén aquí o afuera", indicó López Oliva.

Miles de personas cada año, incluso no católicos, visitan su santuario en el pequeño poblado de El Cobre, donde su residencia fue creciendo a medida que lo hacía la devoción: desde rústica capilla hasta convertirse en una hermosa iglesia enclavada entre las montañas de la Sierra Maestra y con un paisaje de un verde imponente.

Según la Iglesia y algunos documentos históricos de los Archivos de Indias de España descubiertos tres décadas atrás, la imagen de la Virgen fue encontrada entre 1612 y 1615 --aunque la iglesia toma oficialmente la primera fecha-- por tres hombres, dos indios y un joven esclavo negro, flotando en la Bahía de Nipe.

Subidos a un rústico bote para ir a buscar sal, los tres se sorprendieron al ver flotando sobre las espumosas olas una estatuilla colocada sobre una tabla de madera donde se leía: "Yo soy la Virgen de la Caridad".

Pero más fue su asombro cuando descubrieron que sus ropas estaban completamente secas.

Su fama de milagrosa se extendió rápidamente entre los aborígenes de El Cobre y sus inmediaciones --arahuacos--, como entre la población negra y los europeos --españoles y portugueses-- residentes de las villas de los conquistadores, hasta diseminarse por toda la isla.

Menos mística es la versión de la historiadora Olga Portuondo, quien prefiere hacer un análisis del "mito" o "leyenda" de la Virgen de la Caridad en sus inicios y la "alianza espiritual del culto" a la imagen en la actualidad.

Según la experta, quien presentó por estos días una reedición actualizada de su libro "La Virgen de la Caridad del Cobre, símbolo de cubanía", una evaluación de figurilla de cuerpo de varilla y extremidades de madera, más sus rasgos aindiados y el color de la piel indicarían que se trató de una obra de imaginería indoamericana.

Más aún porque su cabeza se fabricó en una especie de pasta vegetal o de maíz.

También habría, indicó Portuondo, varias teorías sobre la presencia en el agua de la figurilla de pequeña dimensión, que van desde un mascarón de proa desprendido hasta la común práctica marinera de colocar alguna imagen sagrada para aplacar los temporales.

"No es que se pretenda despojar a la Virgen de su misterioso atractivo, menos aún que desaparezca el aliento trascendente que anima su culto", explicó Portuondo en su escrito.

Para la historiadora está claro el valor del culto a la Caridad: "Concertados hombres de tres continentes en tierra cubana dieron lugar a una concepción religiosa, que en su esencia, expresa la maravillosa gestación de una cultura propia".

A comienzos del siglo XX fue oficialmente designada por el Vaticano como Patrona de Cuba y en 1998, Juan Pablo II la visitó y le llevó una corona de oro.

Una mirada a las ofrendas colocadas a la Virgen en su santuario de El Cobre muestra el alcance de su popularidad: cartas, trofeos, lazos con cabellos de niños, fotos, diplomas, bastones, flores, gorras de militares y condecoraciones, entre muchos otros disímiles objetos.

Su alcance es tal que el escritor estadounidense Ernest Hemingway, quien durante décadas vivió en Cuba, dejó a sus pies la medalla de su premio Nobel.

"Es un símbolo de unidad de nuestra patria", explicó a la AP Daysi Castellanos, una dependiente de comercio. "No profeso ninguna religión, pero la Virgen es nuestra, de todos los cubanos, sean creyentes o no", agregó.