RIO DE JANEIRO — La banda del carnaval arrancó siguiendo la tradición: Decenas de percusionistas sonaron sus tambores, enviando un ruido sordo como el eco sostenido de un trueno entre los rascacielos del centro de Río de Janeiro. Las panderetas respondieron con su tintineo por encima del resonante llamado de los tambores. Los bailarines atacaron con un estruendo, levantando las manos y moviendo los pies a un ritmo frenético.
Durante años, el ritmo entrecortado de la samba ha sido el telón de fondo de las canciones que celebran el libertinaje que marca esta fiesta callejera de cinco días en Río de Janeiro. Sin embargo, en esta ocasión las letras tuvieron un giro inesperado.
"Somos la gente de Dios, una santa nación", cantaban los fiesteros. "Estamos aquí para proclamar los milagros de quien nos ha llamado desde las profundidades más oscuras hacia su gloriosa luz, y para glorificar el nombre de Jesús".
El coro de "Oh, Jesús" y las letras de 1,5 metros (5 pies) de altura que conformaban la frase "Jesús te (corazón)" en lo alto del carro alegórico con bocinas dejó pocas dudas sobre las intenciones de la banda: evangelizar por medio del samba, usando la extravagancia del carnaval de Río de Janeiro para pescar almas en la mayor necesidad de conversión.
"Estamos aquí por los que están perdidos, desesperanzados, hambrientos de Dios", dijo Isabel Gutiérrez, integrante de la banda Mocidade Dependente de Deus ("Juventud Dependiente de Dios").
"Solíamos organizar un retiro durante el carnaval, pero con eso no salvábamos a nadie", dijo. "Estamos aquí para divulgar las muy buenas noticias".
El carnaval de Río de Janeiro tiene raíces religiosas: Es un júbilo de los placeres del cuerpo, antes de las privaciones de la Cuaresma católica. Sin embargo, en su expresión moderna es innegablemente secular, con fiesteros enfocados en encontrar la siguiente banda callejera o el vendedor de cerveza más cercano en las festividades que año tras año ignoran el Miércoles de Ceniza, cuando la tradición dice que la sobriedad debería guardarse.
La firme presión en contra de esa ola de hedonismo la ejercen unos cuantos "blocos" o ambulantes bandas callejeras, como la Mocidade Dependente de Deus. Es una de al menos tres bandas cristianas de carnaval que tratan de usar la fiesta anual para realizar un poco de "evangelización estratégica".
La táctica funciona, de acuerdo a participantes que consideraron la experiencia como estimulante, porque los coloca en el frente de una batalla espiritual.
Mocidade fue fundada en 1988 como una banda de iglesia con un puñado de integrantes y ahora cuenta con cerca de 2.500 miembros en activo. La otra banda cristiana evangelizadora con un número importante de miembros, Cara de Leao ("Cara de León"), fue creada a principios de la década de 1990 como un bloco y ahora cuenta con 5.000 participantes coordinados.









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