Miles de personas, más de la mitad de ellos niños, murieron innecesariamente y se despilfarraron millones de dólares debido a que la comunidad internacional no atendió las primeras advertencias sobre una crisis de hambruna en el Africa oriental, dijeron dos agencias de asistencia en un informe difundido el miércoles.

La mayoría de las naciones donantes ricas esperaron hasta que la crisis hiciera eclosión antes de donar una suma sustancial de dinero, dijo el informe conjunto de Oxfam y Save the Children.

Se pronosticaba una escasez de alimentos desde agosto de 2010, pero la mayoría de los donantes no respondió hasta que se declaró la hambruna en partes de Somalia en julio de 2011.

El informe, preparado por los dos grupos prominentes, incluso culpa a las agencias de ayuda por considerar que actuaron sin la debida celeridad.

"Todos compartimos responsabilidad por esta peligrosa demora que cuesta vidas en el Africa oriental y necesitamos aprender las lecciones de la respuesta tardía", afirmó Barbara Stocking, de Oxfam.

Las agencias de ayuda dijeron que muchos donantes querían cerciorarse primero de que hubiese una catástrofe humanitaria. Esos causó una escasez de fondos que demoró la respuesta en gran escala en unos seis meses.

Ahora hay indicios claros de que hay una crisis inminente en el Africa occidental, afirmó Justin Forsyth, de Save the Children. El informe dijo que hay una crisis alimentaria en la región del Sahel, en el Africa occidental, debido a sequías y a precios elevados de los alimentos. El informe dijo que las agencias deberían poner en práctica las lecciones aprendidas en la crisis de Somalia.

Una reciente evaluación de Save the Children en Níger muestra que las familias en las áreas más afectadas se han quedado con aproximadamente un tercio menos de alimentos, dinero y combustible de lo necesario para sobrevivir.

El informe dijo que las demoras en el Africa oriental causaron miles de muertes y aumentaron los costos para las agencias de ayuda. El gobierno británico calcula que entre 50.000 y 100.000 personas han muerto de inanición, en su mayoría somalíes. Etiopía y Kenia también se vieron afectadas, pero las agencias pudieron trabajar en esos países con menos dificultades que en la convulsionada Somalia.