La vista preliminar contra Bradley Manning, supuesto "garganta profunda" de Wikileaks, que reunió durante seis días a un variopinto grupo de activistas, expertos y periodistas, multiplicó las quejas sobre un proceso lleno de secretos y normas estrictas.

Tras 18 meses de confinamiento, el soldado Manning pudo ver en la sobria sala del tribunal militar donde se le ha sometido a una vista preliminar un desfile de compatriotas indignados con la Casa Blanca, frustrados con el Ejército o interesados en su compleja historia.

Él hizo caso omiso al desfile de personas, sin apenas dirigirles miradas, más preocupado en escrutar a los testigos, tomar notas o susurrar a los tres miembros de su defensa.

En los recesos o los momentos en que se discutía información secreta a puerta cerrada, veteranos de la guerra de Vietnam, activistas del movimiento "Occupy" o expertos en derecho discutían sobre cómo mejorar la democracia estadounidense.

Los simpatizantes de Manning critican que el joven fue sometido a un confinamiento cruel durante casi once meses en la prisión especial de Quantico (Virginia) y recuerdan que durante la vista se pusieron dificultades para que la defensa presentara a sus testigos o profundizara en los atenuantes.

Manning, que celebró su 24 cumpleaños el sábado en la sala del tribunal militar de Fort Meade, llegaba cada día en una furgoneta negra y accedía a través de una pasarela cubierta para que interactuase lo menos posible con las menos de cuarenta personas que podían acceder a la vista.

Pese a las extremas precauciones, la audiencia para decidir si Manning se somete a una corte marcial no estuvo exenta de altercados, como cuando Daniel Ellsberg, el analista que filtró en los 70 los "Papeles del Pentágono" sobre la Guerra Vietnam, quiso dirigirse al soldado en un receso el lunes.

La media decena de soldados que controlaba que el público asistente mantuviese el orden actuó de inmediato al ver que Ellsberg intentaba tocar el hombro de Manning y arrastró al octogenario de la sala, aunque pudo volver a las siguientes sesiones.

La decena de activistas que diariamente acudieron a la vista coinciden en que el tribunal militar de la base de Fort Meade no fue flexible, pese la importancia del caso, además de restringir la labor de la prensa, que no pudo utilizar aparatos de grabación ni siquiera en la sala habilitada para su trabajo.

Tampoco se facilitaron transcripciones de lo que ahí se dijo o se cerró al ojo público parte de la vista con el argumento de que afectaban a la seguridad nacional, aunque algunos aseguraban que debido a Wikileaks queda poco que no se sepa ya.

Pese a todo, Manning escuchó impasible las quejas de su abogado defensor, David Coombs, que tras ver rechazada su petición de recusación del presidente de la audiencia, Paul Almanza, se centró en los problemas mentales de su cliente.

La defensa de Coombs durante este proceso ha querido presentar a Manning como un frágil joven con graves trastornos de personalidad, inseguridades y una homosexualidad con tintes de transexualidad vetada en la estructura castrense.

Manning, que supuestamente cometió las filtraciones a principios de 2010 cuando tenía 22 años, daba la impresión de un adolescente frágil, algo que acentuaba su baja estatura y su delgadez en contraste con sus corpulentos guardias.

Uniformado en traje de camuflaje y con gafas, Manning mantuvo la compostura los seis días de vista y tan sólo habló cuando se le preguntó si entendía los 22 cargos presentados contra él, que le pueden acarrear la cadena perpetua, y para rechazar su derecho a un alegato final.

Por contra, la Fiscalía ha presentado numerosas pruebas que vinculan el ordenador personal de Manning con servidores confidenciales y con WikiLeaks.

Tras la conclusión de la audiencia, corresponde ahora a Almanza presentar antes del 16 de enero sus recomendaciones acerca de la conveniencia o no de someter a Manning a una corte marcial.

Después del ruido, las protestas a la entrada de la gigantesca base de Fort Meade (Maryland) y las peticiones para que se le considere un héroe por revelar las injusticias cometidas por el Ejército, el soldado se encuentra ahora en la soledad de su celda, donde a buen seguro prepara el más que probable inicio de un mediático juicio castrense.

Jairo Mejía.