La Navidad será especial para la familia de un estudiante de 21 años de la Universidad de Arizona, quien estuvo cerca de que se le retirara el equipo que lo mantenía con vida pero ahora se recupera tras salir del estado de coma.

Sam Schmid estaba hablando y caminando el viernes en un hospital de Phoenix. Luego, vestido con una camiseta, pantaloncillos cortos y calzado deportivo, pudo usar una andadera ortopédica y hablar con frases breves.

"Ahora me siento bien... excepto por la rehabilitación. Me siento bastante bien", dijo Schmid.

Médicos del Instituto Neurológico Barrow dijeron que Schmid tiene por delante un período largo de rehabilitación para recuperar totalmente el habla, equilibrio y memoria.

Schmid estuvo involucrado en un accidente automovilístico el 19 de octubre, que lo dejó con un aneurisma cerebral, entre otras lesiones que amenazaban su vida. Debido a la complejidad de su lesión cerebral, se le trasladó en una aeronave a Phoenix.

Fue sometido a una cirugía realizada por el doctor Robert Spetzler. Tras no mostrar señales de sensibilidad, el personal del nosocomio discutió sobre la posibilidad de retirar a Schmid el respirador artificial.

"Nunca me llegaron a plantear si donaría sus órganos", dijo Susan Regan, la madre de Schmid. "La gente que nos rodeaba sólo preguntaba sobre Sam, su calidad de vida, qué hubiera querido él si hubiéramos tenido que tomar una decisión difícil".

Spetzler dijo que Schmid nunca se clasificó oficialmente como un potencial donador de órganos. Y después de que una resonancia magnética mostró que no se habían agotado las esperanzas de supervivencia, Spetzler recomendó mantenerlo con vida una semana más.

El 24 de octubre, Schmid sorprendió a los médicos al responder a la orden de levantar dos dedos.

"Quizás esto no les parezca mucho a ustedes", dijo Spetzler. "Pero es un increíble salto para mostrar capacidad cerebral. Fue como si hubiera estallado la pirotecnia para celebrar ese hecho".