José Guereña Ortiz dormía tras una jornada laboral nocturna agotadora de 12 horas en una mina de carbón. Su esposa Vanessa estaba preparando el desayuno. Su hijo Joel, de cuatro años, quería ver dibujos animados.

Era una mañana normal en este barrio de clase media de Tucson. Hasta que llegó un vehículo blindado que se estacionó en la entrada de la vivienda, del que salieron velozmente individuos con cascos y armas en mano.

Se trataba de una unidad especial tipo SWAT de la policía local que cumplía una misión. Vanessa Guereña no sabía qué sucedía cuando escuchó un golpe y vio que hombres con uniformes pasaban frente a una ventana y que había policías afuera. Sacudió a su marido para despertarlo y le dijo que afuera alguien estaba disparando.

Guereña, un ex infante de marina hispano que peleó en Irak, instintivamente tomó su rifle AR-15. Su esposa dijo que su única intención era defender a su familia.

Lo que sucedió después fue filmado por cámaras montadas en los cascos de los integrantes del equipo SWAT.

Los agentes --cuatro de los cuales portaban pistolas de calibre 40 y otro un AR-15-- llegaron a la puerta, hicieron sonar brevemente una sirena y gritaron "¡policía!" en inglés y en español. Derribaron la puerta con un ariete e ingresaron. Ocho segundos después abrieron fuego.

Y diez segundos más tarde, Guereña yacía en un pasillo de su casa, a unos siete metros (20 pies) de la puerta de entrada. Los integrantes del equipo SWAT habían hecho 71 disparos y Guereña fue alcanzado por 22 de ellos, mientras su esposa y su hijo se refugiaban en un armario.

"¡Apúrense, está sangrando!", imploró Vanessa Guereña en una llamada al 911, el número de emergencias de la policía. "No sé por qué le dispararon. Abrieron la puerta y dispararon. Por favor manden una ambulancia".

Cuando salió de la vivienda unos minutos después, los agentes la llevaron a una camioneta policial, mientras ella lloraba y les decía que su esposo estaba inmóvil y sangraba, y que su hijito estaba todavía adentro de la casa. Les pidió que sacasen a Joel sin ver a su padre, que yacía en un charco de sangre.

Pero poco después, el niño apareció por la puerta principal, con un pijama del hombre araña, llorando.

El departamento de policía del condado de Pima dijo que el equipo SWAT había sido despachado al lugar porque se sospechaba que Guereña estaba involucrado con una organización de narcotraficantes y que la balacera se produjo porque se acercó a la puerta con un arma en las manos. La procuraduría del condado afirmó que los agentes estuvieron justificados al abrir fuego.

Seis meses después del incidente del 5 de mayo en el que los disparos sacudieron una apacible mañana y alteraron para siempre la vida de una familia, los investigadores no han hecho arresto alguno en relación con la operación.

Amigos, compañeros de trabajo y otros marines dicen que la balacera fue injustificada y exigieron más investigaciones. Un abogado contratado por la familia demandó al departamento de policía. En medio del furor que generó el episodio en los foros de la web y en las redes sociales, circuló por YouTube el video de 54 segundos de la policía, el cual fue visto más de 275.000 veces.

El gran interrogante, como ha repetido Vanessa Guereña, cuyas palabras fueron incorporadas al informe policial, es:

"¿Por qué? ¿Por qué lo mataron?".

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Guereña, de 27 años, había sido despachado dos veces a Irak y un antiguo superior suyo es una de las tantas personas que no se explican lo que sucedió.

Leo Verdugo dijo que Guereña sobresalía por su madurez y su sentido de responsabilidad. Verdugo, quien se retiró como sargento mayor luego de 25 años de servicio con los marines, había encomendado a Guereña la dirección de una importante misión de reabastecimiento de helicópteros en un remoto sector desértico del occidente de Irak.

"Tenía una gran integridad y era un hombre de palabra", afirmó.

Verdugo, quien también vive en Tucson, dijo que Guereña lo llamó en el 2006 para que le aconsejase respecto a su idea de retirarse de los marines y postularse para la Patrulla de Fronteras.

Cuando Verdugo se encontró con Guereña y su esposa en una oficina del Departamento de Vehículos Motores un mes antes de su muerte, Guereña le dijo que la Patrulla de Fronteras lo había rechazado por problemas de visión y que había conseguido trabajo en una mina.

Sus compañeros de trabajo en la Mission Mine de ASARCO sostienen que Guereña jamás se dedicaría al tráfico de drogas.

"No me importa lo que dice la policía. No creo ni por un momento el cuento de que José estaba involucrado en algo ilegal", declaró sollozando Sharon Hargrave, una compañera de trabajo. "Fueron juez, jurado y verdugo, y no tienen excusas".

Guereña trabajaba como asistente en dos machacadores de la mina, paleando las rocas que caían desde cintas transportadoras y carretillas con pesados escombros. "Ninguna persona en su sano juicio" elegiría este trabajo, con un sueldo de 41.000 dólares al año, si cuenta con dinero generado por el tráfico de drogas, sostuvo Hargrave.

"Era un tremendo trabajador", agregó. "Una persona sensata, en la que yo confiaba".

Indicó que Guereña hablaba constantemente de su esposa y sus dos hijos, Joel y José Jr, de cinco años y quien había ido a la escuela el día del incidente fatal. "Sé que adoraba a su esposa y sus hijos", expresó.

Kevin Stephens, capataz de la mina Mission y líder sindical, afirmó: "Mi opinión es que fue asesinado, eso es lo que pensamos todos aquí".

La policía, no obstante, dice que el hecho de que Guereña fuese un ex marine y trabajase en una mina no garantiza que no estuviese involucrado en el narcotráfico.

"Sabemos por experiencia que buenas personas hacen cosas malas, y este tipo no era bueno por más que ha haya ido con honores de los marines", declaró el encargado de la investigación Rick Kastigar.

Añadió que se sospechaba que Guereña colaboraba con una operación especializada en estafar a otros traficantes. Alguien dijo que era "el músculo" de la banda, o, según Kastigar, "el encargado de las represalias".

Un affidavit que acompaña la orden de allanamiento refleja las sospechas sobre Guereña en una investigación centrada más bien en un hermano suyo y en el suegro de este. El hermano de Guereña no aparece en la guía telefónica y varios familiares suyos no respondieron a pedidos de información de AP para tratar de hablar con él.

El capitán de la policía Chris Nanos, jefe de la división de investigaciones criminales y quien supervisó el caso de Guereña, dijo que los rifles de alto poder y los chalecos antibalas hallados en la casa de Guereña parecen confirmar las sospechas de que estaba envuelto en narcotráfico. Una pistola hallada en la vivienda había sido robada en el 2008, según una denuncia.

En el affidavit, el detective Alex Tisch explica los motivos que justifican las sospechas sobre Guereña. Menciona dos confiscaciones de drogas, una en abril del 2009, en la que Guereña fue hallado en una vivienda con otras personas que habían llevado unos 450 kilos (1.000 libras) de marihuana a otra casa, y otro en octubre del mismo año en la que se le hallaron drogas y armas a un individuo que acababa de verse con el hermano de Guereña.

Ninguno de los hermanos Guereña fue acusado de delito alguno en esas instancias.

El affidavit menciona además dos incidentes viales de Guereña.

En el primero, 28 de enero del 2009, un agente decidió investigar el vehículo en que viajaban Guereña y otros dos hombres al norte de Tucson. El agente encontró un arma que pertenecía a Guereña, una pipa de marihuana en poder de un primo de Guereña y marihuana escondida en latas de limonada y chocolate caliente que estaban debajo de las piernas de un amigo de Guereña.

El agente arrestó a Guereña por infracciones a las leyes de portación de armas, posesión de marihuana y posesión de materiales para el consumo de drogas. Pero el fiscal no le instruyó de cargos.

El otro incidente vial se produjo el 15 de septiembre del 2009, cuando un agente detuvo un camión que salía de la casa del hermano de Guereña. José Guereña estaba en el asiento de pasajeros y otra personas manejaba. Los agentes hallaron rollos de envoltorios de plástico que según ellos se usa para empacar marihuana. No hubo arrestos.

Tisch dijo en el affidavit los arrestos de Guereña y algunos familiares, combinados con las observaciones hechas durante meses de vigilancia, llevan a pensar que la familia colaboraba con una organización de traficantes de mediano nivel.

La investigación continúa, de acuerdo con la policía.

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La familia Guereño demandó al departamento local de policía, a los agentes que participaron en la misión y a otros funcionarios. La demanda no menciona una suma específica, pero una notificación judicial presentada el 9 de agosto habla de 20 millones de dólares.

La notificación dice que "durante la investigación se halló muy poca evidencia, si es que se encontró algo, que indique que José Guereña participaba de actividades del narcotráfico".

El abogado de la familia, Christopher Scileppi, sostuvo que el hecho de que se hayan hecho 71 disparos resulta "grotesco" y es "casi una caricatura de un grupo de agentes nerviosos y mal entrenados".

Kastigar, por su parte, afirmó que el equipo SWAT era uno de los más capacitados del país y que estuvo justificado en abrir fuego porque Guereña les apuntó su rifle, diciéndoles "tengo algo para ustedes".

Posteriormente se comprobó que el rifle de Guereña tenía colocado el dispositivo de seguridad. Pero ello no cambia nada, porque ese dispositivo se puede desactivar en una fracción de segundo, según Kastigar.

"¿Qué persona razonable va a la puerta de su casa y apunta un rifle a la gente?", preguntó Kastigar. "Estoy convencido de que iba a dispararnos".

Los agentes abrieron fuego porque uno de ellos tropezó y su arma se disparó. Pensaron que les estaban disparando a ellos.

"Si tú apuntas un arma a la policía, te van a disparar", insistió Kastigar.

Los cinco agentes involucrados en el incidente declinaron hablar con la AP.