Calabazas de plástico y disfraces de monstruos propios de tradiciones de otras latitudes se venden en mercados populares de La Paz junto a pequeñas máscaras de yeso de rostro sonriente que adornan panes con forma de figuras humanas que representan a los difuntos que cada 1 de noviembre vuelven del más allá para visitar a los vivos en la tradicional fiesta de Todos Santos.

"Como nunca este año estamos vendiendo por igual" para Halloween y Todos Santos, dice doña Juana Apaza una vendedora de un concurrido mercado. Mamás afanadas preguntan por los disfraces de bruja y máscaras de calabazas para sus pequeños. "A ellos les atrae el Halloween", dice Teresa Medina, una ama de casa.

"Halloween se ha propagado rápidamente entre jóvenes y niños incluso de barrios populares gracias al internet, el facebook y la televisión. La tradición (local) de Todos Santos no puede competir con esos medios", comentó con The Associated Press el antropólogo Milton Eyzaguirre.

Similar a otros países de Latinoamérica, en Bolivia también creen que las almas de los parientes fallecidos regresan a casa el 1 de noviembre y por eso las familias preparan altares adornados con panes con formas humanas, abundante comida y los manjares que los finados disfrutaban en vida.

Al día siguiente la familia y los amigos se reunirán en una comida para "despachar a las almas" y la fiesta se remata un día después en el cementerio con música y fiesta alrededor de tumbas adornadas con papel de vivos colores.

La tradición fue traída a América por frailes católicos que acompañaron a los conquistadores españoles, se fundió con antiguas creencias incas de veneración a los muertos y se mantuvo con pocos cambios por siglos hasta que Halloween comenzó a penetrar hace unos años desde barrios de gente acomodada.

Este año la fiesta de disfraces, las casas de terror propias del Halloween ganaron terreno en zonas populares, incluso en la vecina El Alto, la ciudad con más indígenas aymara de Bolivia.

Cuando llegaron los conquistadores españoles en el Siglo XIV encontraron que los indígenas momificaban a sus muertos para venerarlos, incluso los desenterraban para compartir con ellos. Los colonizadores erradicaron esa costumbre que tildaron como idolatría, pero la tradición se asimiló a la fiesta católica de Todos Santos, dijo Eyzaguirre.

Todos Santos es un reencuentro con los difuntos queridos, la festividad tiene un contenido religioso pagano. En el mundo andino la muerte es otra dimensión de la vida, por eso es necesario un tiempo de encuentro real con los espíritus, explicó el antropólogo.

El presidente Evo Morales es el primer indígena que gobierna el país e insiste en la recuperación de la identidad cultural para fortalecer el estado plurinacional.