Los festejos por los ochenta años del Cristo Redentor, el principal símbolo turístico de Río de Janeiro, y una marcha contra la corrupción en Brasilia marcaron hoy la celebración del Día de Nuestra Señora de Aparecida, la patrona católica de los brasileños.

El festivo nacional concentró su atención en Río de Janeiro, donde las autoridades religiosas y civiles celebraron el octogésimo aniversario del imponente monumento que corona el cerro del Corcovado y que todos los días recibe miles de turistas de todas partes del mundo.

El arzobispo de Río de Janeiro, Oraní Joao Tempesta, celebró una misa a los pies del Cristo de 38 metros de altura y el Gobierno local inauguró un busto en homenaje a Heitor da Silva Costa, el responsable del proyecto de la estatua que fue declarada en 2007 como una de las nuevas maravillas modernas del mundo.

La neblina impidió que un escuadrón de aviones de la Fuerza Aérea Brasileña sobrevolará la estatua, pero el resto de la programación religiosa y artística se pudo llevar a cabo sin contratiempo.

En la capital Brasilia, en tanto, las celebraciones religiosas de la fecha le dieron espacio a un grupo de más de 5.000 manifestantes que realizaron la Segunda Marcha Contra la Corrupción y la Impunidad y piden, entre varios puntos, el fin del voto secreto en el poder Legislativo.

El movimiento, que marchó por primera vez el 7 de septiembre, cuando se celebró el Día de la Independencia de Brasil, ganó fuerza a través de la convocatoria realizada en las redes sociales de internet.

La marcha contó con el respaldo de varias organizaciones, entre ellas la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB, por su sigla en portugués).

En la ciudad de Aparecida do Norte, a 167 kilómetros de Sao Paulo y en donde se encuentra el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Aparecida, el mayor del país, cerca de 100.000 personas participaron del festejo mariano.

El arzobispo de Aparecida y presidente de la CNBB, Raymundo Damasceno Assis, fue el encargo de celebrar la eucaristía ante unas 35.000 personas.

Como ocurre todos los años, miles de personas llegaron a Aparecida do Norte en romerías y caravanas provenientes de todo el país y otro número considerable lo hizo a pie para pagar promesas o por devoción religiosa.