En un ambiente tensionado el gobierno y los dirigentes estudiantiles, movilizados hace cinco meses, se reunieron el jueves y acordaron abordar la próxima semana el tema de la gratuidad de la educación, aunque persisten fuertes diferencias en torno al regreso a clases, rechazado por los alumnos.

El encuentro se realizó a pocas horas de una nueva marcha estudiantil que fue severamente reprimida por la policía.

La cita se verificó en el Ministerio de Educación y participaron el titular de la cartera, Felipe Bulnes, y líderes universitarios, de la enseñanza secundaria y el presidente del gremio de los profesores.

Concluida la reunión, que se prolongó por más de dos horas, Camila Vallejo, vocera de los universitarios, condenó ante la prensa "la brutal represión que se ha vivido" durante la marcha.

Vallejo también criticó la ausencia de un notario que registrara las materias tratadas y porque Bulnes no les mostró la ley del presupuesto, específicamente la partida destinada a educación para el 2012 y porque se negó a cambiar las fechas de cierre del año escolar para los secundarios y del semestre académico para los universitarios.

Giorgio Jackson, otro de los voceros universitarios, precisó que "fue una reunión compleja", aunque destacó que el gobierno se allanara a tratar, el próximo miércoles, el tema de la gratuidad en la educación pública.

Aunque el diálogo entre el gobierno y los estudiantes empezará formalmente el miércoles, los alumnos no depondrán sus movilizaciones y el dirigente Sebastián Farfán aprovechó los micrófonos para convocar a otra marcha, la número 37, para el próximo jueves.

El último en entregar su versión fue Bulnes, quien coincidió en que fue una cita "compleja" y reiteró que el gobierno no cambiará los plazos límites para concluir el año escolar y el semestre académico mientras no se produzca el retorno a las aulas.

"No vamos a favorecer que no se reintegren a su plantel", señaló.

Al no fijar nuevas fechas límites, decenas de miles de secundarios reprobarán el año, y miles de universitarios perderán sus becas o sus préstamos con la banca privada. En el caso de los alumnos de educación superior, el plazo cierra el 7 de octubre.

Decenas de carreras siguen paralizadas, pero los alumnos, con el apoyo de los rectores, cerraron o están en medio del proceso para concluir el semestre.

Los estudiantes exigen una educación pública gratuita y de calidad, el fin del lucro en las entidades privadas que trabajan con aportes estatales y que las escuelas secundarias vuelvan a ser dirigidas por entes estatales.

Los rectores de las 25 universidades estatales, en un comunicado, también pidieron la vuelta a las aulas, "para preservar la integridad de las instituciones", y ofrecieron coordinar horarios "a fin de compatibilizar la legítima movilización estudiantil con el desarrollo de las actividades académicas".

Por la mañana, en la ya tradicional marcha de los jueves --esta fue la número 36-- unos 150.000 estudiantes universitarios y secundarios, según Vallejo, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, caminaron unas 25 cuadras. De momento no hay una cifra oficial de participantes y de detenidos.

Como en otras ocasiones, la marcha se desarrolló con tranquilidad en medio de bailes, alegres coreografías y con estudiantes disfrazados. Pero cuando los primeros miles de estudiantes pasaron de largo el punto en que debía concluir la marcha, en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile, se inició una fuerte represión policial.

"Es el colmo que se nos reprima de esa forma. Carabineros (la policía militarizada) tendría que haber colaborado para guiar la manifestación y controlarla, pero no reprimirla", dijo Vallejo.

La Intendenta (gobernadora) Cecila Pérez responsabilizó a los estudiantes por no instalar un escenario que indicara donde concluía la caminata, pero no los culpó de los desórdenes de los encapuchados.

Tras desatarse la represión a los estudiantes, decenas de encapuchados se enfrentaron con a los policías lanzándoles piedras, bolsas de pintura y otros proyectiles.

Por largos minutos la visibilidad era nula por la gran cantidad de gases lacrimógenos lanzados por la policía. Algunas de las bombas irritantes fueron a dar a patios de residencias privadas, mientras chorros de agua mojaban a manifestantes y encapuchados.

Los desórdenes se registraron entre una amplia avenida, por un lado, y estrechas calles por el otro, en una zona de sedes universitarias y casas antiguas.