El prolongado conflicto estudiantil que derivó en la pérdida del año escolar de unos 70.000 estudiantes secundarios y arriesga el semestre académico de miles de universitarios, irrumpió el lunes con un inédito cacerolazo durante el desfile militar en honor del ejército.

Unas 150 personas respondieron al llamado difundido por las redes sociales para manifestar el apoyo al movimiento estudiantil con un "caceroleo" --hacer sonar las ollas-- durante el desfile.

Como la policía estaba alertada de la posible protesta, desplegó un desusado control de seguridad para ingresar al parque público donde se realiza el homenaje al ejército, con ocasión del aniversario de la independencia, y revisó al azar los bolsos y mochilas de quienes se acercaban a la elipse, donde marchan miles de uniformados.

Los manifestantes lograron ingresar ollas y pitos con los que expresaron su descontento y apoyo al movimiento estudiantil, informaron las radios Cooperativa y Bío Bío.

El fuerte despliegue policial impidió que los manifestantes se acercaran a la elipse o que fueran oídos por las autoridades que ocupan los palcos especiales, donde estaba el presidente Sebastián Piñera y otras autoridades.

La protesta se realizó pese al llamado del ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, para "dejar para los días que vienen" las protestas.

"El día de nuestras fuerzas armadas ojalá que todos los chilenos nos unamos en torno a nuestras fuerzas armadas y dejemos para pasado mañana, para los días que vienen todas las demandas", agregó.

Según coincidentes encuestas, más de la mitad de la población opina que los estudiantes no deben cesar sus movilizaciones hasta obtener la mayor parte de sus demandas.

Los estudiantes exigen una educación gratuita, igualitaria y de calidad, el fin del lucro en la enseñanza y mayores aportes para el sector. Los secundarios quieren, además, que sus colegios sean administrados por el Estado y no por las municipalidades.

La educación chilena es una de las más desiguales del mundo y su financiamiento descansa en un 80% en los pagos de las familias, según un reciente estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a los países ricos, además de México y Chile.

Las protestas comenzaron en mayo con toma de escuelas, paros, huelgas de hambre y marchas que llegaron a congregar a más de 100.000 personas sólo en Santiago.

El ministro de Educación, Felipe Bulnes, confirmó al periódico La Tercera que 70.000 secundarios repitieron el año escolar por inasistencia y que aunque se extendieran las clases, no se verían todas las materias necesarias para ser promovidos.

Miles de universitarios enfrentan una situación más compleja aún porque si no cierran el semestre académico antes del 7 de octubre perderán sus becas o préstamos, lo que los marginará de los planteles superiores por falta de dinero.

Los aranceles de las universidades chilenas son los segundos más caros del mundo, después de Estados Unidos, con relación al PIB.

El rechazo del gobierno a suspender la tramitación en el Congreso de proyectos de ley relacionados con la educación y la eliminación del plazo de octubre derivó en que los dirigentes de las 25 universidades estatales convocaran a tres paros nacionales y marchas.