Una comunidad negra de Colombia, constituida por 2.500 familias, recibió hoy con júbilo un título colectivo de tierras en el deprimido departamento del Chocó, pero bajo la preocupación de que este territorio sea en breve explotado por las mineras y eso desate la violencia.

En un simbólico acto celebrado en Yuto, a casi una hora de Quibdó, la capital chocoana, el director del Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural (Incoder), Juan Manuel Ospina, hizo entrega de 73.000 hectáreas a Cocomopoca, organización que reúne a los campesinos del Alto Atrato, un gran río que surca ese norteño y selvático departamento.

Cocomopoca inició los trámites para reclamar la titulación colectiva en 1999, de acuerdo a los derechos que concede la Constitución a la población afrodescendiente, y tras casi doce años de gestiones, inconvenientes y rechazos por parte del Estado, finalmente hoy se convirtió en propietario de su tierra.

Su líder histórica, Nicolasa Campaña, recordó el duro camino atravesado, marcado por "amenazas e intimidaciones", y ya con el título en mano, consideró: "es gravísimo que hoy nos estén entregando un territorio con personas extrañas, con intereses de terceros".

Sin embargo, Campaña confesó degustar cierto "sabor a triunfo" al culminar este camino, que según reconoció Ospina a Efe, ha exigido un gran esfuerzo, pues gran parte de los habitantes de esta zona "han sufrido y sufren el desplazamiento por la acción de grupos armados".

En concreto, y según el vicario de la Diócesis del Chocó, Sterlin Londoño, el desplazamiento ha llegado a afectar a casi la mitad de los habitantes de ese territorio.

Ospina opinó que este acto "tiene un profundo significado" porque se trata de comunidades afrodescendientes, a las que recibir un título colectivo les permite desarrollar sus proyectos de vida de acuerdo a sus patrones culturales y con respeto medioambiental.

Y es que, como recordó el responsable de Incoder, el Chocó "es la segunda región del mundo con mayor biodiversidad".

Esa riqueza en recursos es la que preocupa a la comunidad que hoy se hizo dueña de un territorio que ha estado expuesto al saqueo, lo que le ha convertido en blanco de grupos armados y en uno de los más afectados por el conflicto interno.

"Incoder nos entrega un título con muchas dificultades que va a traer problemas", advirtió el representante legal de Cocomopoca, Américo Mosquera, al explicar que de las 73.000 hectáreas recibidas, 55.000 ya están comprometidas en concesiones a multinacionales mineras.

Por eso manifestó: "la locomotora del presidente nos va a moler", en alusión a los planes de desarrollo minero anunciados por Juan Manuel Santos cuando tomó posesión como jefe del Estado en agosto del año pasado.

Mosquera expresó su temor por qué las mineras y particulares que tienen títulos sobre esas tierras con anterioridad se resistan a que ahora pasen a manos de su comunidad.

Y por eso advirtió que siente que las vidas de los beneficiarios del título colectivo, están en peligro: "nos van a matar", remarcó al asegurar que Cocomopoca seguirá luchando por la tierra, aún siendo propietarios, porque dudan de que se vaya a hacer efectivo ese derecho.

En respuesta, el gerente general de Incoder reconoció a Efe que "hay una discusión sobre los derechos colectivos", ya que la propiedad del suelo pertenece a sus dueños, pero el subsuelo al Estado por ley.

"Esto está generando en Colombia un escenario que podría dar lugar a confrontaciones entre el derecho al uso del suelo y el derecho a la explotación del subsuelo", remarcó Ospina, al adelantar que entre los planes del Gobierno está crear "un consejo de tierras y aguas que será presidido por el presidente de la República".

De dicho consejo, conformado también por distintos ministerios, saldrán "criterios que permitan evitar choques de dinámicas rurales, mineras y medioambientales".

De todos estos motivos deriva la preocupación de los nuevos propietarios afrodescendientes, ya que, según explicó Richard Moreno, del Foro Interétnico Solidaridad Chocó, conformado por organizaciones campesinas y de víctimas, tras la entrega de títulos colectivos en los años ochenta y noventa el desplazamiento forzoso, la violencia y las masacres se desataron en la región.

El Chocó, región fronteriza con Panamá y la más pobre de Colombia pese a albergar grandes minas de oro y platino, está habitada por los descendientes de los esclavos africanos que fueron llevados hasta allí por los colonos españoles.

Esther Rebollo