Las fuerzas rebeldes libias lanzaron hoy una nueva ofensiva contra el interior del oasis de Bani Walid, donde consiguieron estabilizar algunas zonas y empujar a las fuerzas gadafistas hacia el zoco.

La operación comenzó poco después del amanecer, con unidades de asalto rápido que avanzaron por el frente norte armadas con fusiles y lanzagranadas clase RPG, explicó a Efe uno de los comandantes sobre el terreno.

El objetivo principal era despejar las entradas, limpiar tejados y ventanas de francotiradores, y obligar a los gadafistas a recular hacia el mercado, donde el combate callejero ha sido intenso en las últimas 48 horas.

Una vez aseguradas las posiciones, los insurrectos retornaron sobre sus pasos en espera de la ayuda de la OTAN, fundamental durante toda esta guerra.

"Los refuerzos están llegando desde Misrata. Esperamos que en un par de días podamos tener muy buenas noticias", explicó en Trípoli el general Omar al Hariri.

El optimismo de los mandos en la capital se contrapone a la cautela de los jefes militares, que esperan una resistencia dura y quizá larga.

Comandantes en el frente norte de Bani Walid recuerdan que en el interior están atrincherados más de medio millar de combatientes, bien entrenados, leales y disciplinados, y una centenar de francotiradores armados con fusiles, lanzagranadas, lanzacohetes, cañones antiaéreos e incluso algún tanque.

"Estemos hallando mucha resistencia. Son profesionales que saben lo que hacen. Lograremos la victoria, pero no podría garantizarle cuando", explicó Yalil al Yalal, uno de los portavoces de la autoridad rebelde de Transición.

Según el parte de bajas de los rebeldes, cinco de sus hombres perdieron la vida y otros 14 resultaron heridos de diversa consideración en los combates del domingo.

Los enfrentamientos también se han reproducido hoy en el resto de las ciudades que aún resisten, como los oasis de Jufrah y Sebha, y la localidad costera de Sirte, cuna del ex hombre fuerte del país, Muamar al Gadafi, y única urbe del norte que aun queda en poder de sus fieles.

De acuerdo con los insurrectos, el frente de Sirte se halla ahora a unos 90 kilómetros al este de la ciudad, en el denominado "valle rojo", donde las fuerzas gadafistas se defienden con misiles tipo Grad y artillería frente a los ataques de los rebeldes apoyados por la OTAN.

Igualmente ha habido escaramuzas en torno a las instalaciones petroleras de Ras Lanuf, en el este del país, donde la autoridad de transición trata de restablecer la producción de petróleo y la vida diaria.

La toma de las ciudades que aún resisten es considerada esencial por el Consejo Nacional de Transición libio, que ha advertido que no formará un gobierno interino hasta que todo el territorio libio sea liberado.

Asimismo considera fundamental la captura o muerte del sátrapa huido y de sus dos hijos más belicosos, Saif al Islam y Mutasim, después de que Saadi, el tercero de los vástagos de Gadafi, lograra este domingo entrar en Níger con su familia.

Aunque no existe ningún tipo de evidencia al respecto, los rebeldes creen que tanto Saif al Islam como Mutasin dirigen la resistencia en Bani Walid.

En cuanto al propio Gadafi, los últimos rumores lo sitúan mucho más al sur, en un área desértica próxima a las fronteras con Chad y Níger.

Saadi es el cuarto hijo del dictador que logra huir, junto a sus hermanos Mohamed, Aníbal y Aisha, que han encontrado refugio en Argelia.

Nada cierto se sabe de otro de sus hijos más belicosos, Jamis, que según los rebeldes ha muerto en combate, aunque su cadáver no ha aparecido.

Mientras las operaciones bélicas prosiguen, organizaciones internacionales alertan del deterioro de las condiciones de vida de la población civil en las ciudades asediadas.

Tanto Sirte como Bani Walid y el resto de oasis que resisten no tiene electricidad, ni agua corriente ni gas desde hace semanas, y los alimentos y medicinas escasean.

Además, algunos habitantes que han logrado escapar aseguran que los gadafistas atrincherados han comenzado a usar a la población como escudo humano.