Gus Rodriguez parece más un soldado que un guardia de seguridad en la puerta de una joyería. Tiene su pistola Beretta adosada a su chaleco antibalas, utiliza gafas negras y lleva la cabeza rapada. Un atomizador de pimienta le abulta una bolsa en el pecho.

"No tengo miedo", asegura el ex militar ecuatoriano mientras acaricia su arma. "Me dicen Rambo".

Debido a una ola de asaltos descarados a joyerías que venden piezas de oro, algunos sectores del centro de Los Angeles parecen ahora más una zona militarizada que un corredor comercial.

La alta demanda ha impulsado el oro a cotizaciones altas sin precedentes, pero también ha atizado la ola de delitos relacionados con el metal precioso.

La policía a nivel nacional ha registrado un incremento en el número de asaltos así como robos a casas en paralelo a los precios altos del metal, el cual alcanzó en agosto 1.891 dólares la onza, 600 dólares más que un año antes.

El FBI no lleva estadísticas de los robos relacionados con el oro, pero los departamentos locales de policía conocen numerosos casos dentro de la oleada.

Decenas de mujeres han denunciado que les arrebataron sus collares en asaltos durante el día y los ladrones ingresan en casas en busca de joyas que contengan el metal precioso. En Nueva Jersey, unos atracadores se llevaron una colección irremplazable de pepitas de oro de un museo.

El atractivo del oro, desde el punto de vista de los delincuentes, es que es fácil de vender. Los anillos y collares pueden ser fundidos — con lo cual se destruye la evidencia — y después de vende el metal. Las piedras preciosas son más difíciles de alterar y es más fácil seguirles la pista.

En junio y julio hubo cuando menos seis robos a tiendas de joyería de oro en Los Angeles. El 22 de agosto, cuatro individuos con martillos fueron arrestados afuera de una joyería, dijo el teniente de la policía de Los Angeles, Paul Vernon.

Los robos presuntamente los perpetraron integrantes de pandillas que cubren sus caras con capuchas y sombreros, después ingresan rápido en las joyerías y se llevan lo que pueden en cuestión de segundos.

De acuerdo con un video tomado con las cámaras de seguridad, un empleado es atacado con un atomizador pimienta mientras los asaltantes destruyen las vitrinas y toman lo que pueden.

"Sin duda, el alza del oro ha motivado a estas personas a cometer los asaltos, rompan el vidrio y cojan lo que esté a la mano", expresó Vernon.

"Los asaltantes no venden lo que se llevan al precio del oro en el mercado. Pero si les dan la mitad, les queda bastante ganancia".