Las sandalias de la Madre Teresa, un sacerdote que baila al compás del reggaeton y la recitación de los pecados en el Parque del Retiro de Madrid son la chispa que da vida a la "Feria de las vocaciones", una de las actividades paralelas a la visita del papa Benedicto XVI a España.

La carpa de adoración de la orden fundada por la santa de Calcuta muestra algunas de sus pertenencias, como un par de sandalias. Los Lectionautas presentan a un sacerdote panameño que se mueve al ritmo caribeño para dar música pegadiza a la fe. Y dos centenares de confesionarios blancos con estructura aerodinámica permiten que los feligreses ventilen sus pecados al aire libre en olor de santidad.

Pero el colorido de toda esa amalgama de impresiones visuales y manifestaciones de piedad impulsada por organizaciones católicas tiene un objetivo: estimular la vocación religiosa en Europa y particularmente en España.

Centenares de miles de jóvenes de 193 países se han dado cita estos días en España para recibir al pontífice. Un escenario ideal para buscar nuevos religiosos.

En el madrileño Parque del Retiro, las juventudes católicas aprovechan para curiosear por esta feria. Se trata de un paseo formado por 68 quioscos, cada uno de ellos ocupado por una orden religiosa con el propósito de darse a conocer a los peregrinos que se aproximan.

"Es una labor informativa, donde se hallan todos reunidos para que las personas puedan acercarse fácilmente y conocer su obra", dijo Arancha Bolívar, miembro del grupo de voluntarios que se encarga de orientar a los visitantes.

En el país ibérico hay más de 61.000 personas, entre hombres y mujeres, consagradas a la vida religiosa católica. Pero los tiempos han cambiado mucho en España, uno de los países de mayor tradición católica del mundo.

Apenas 160 sacerdotes se ordenaron el año pasado y en los seminarios, la media de estudiantes es de 15 alumnos.

De las organizaciones reunidas en el Retiro para intentar revertir estas cifras, llaman la atención los Misioneros y Misioneras de la caridad, de la familia espiritual fundada por la Beata Teresa de Calcuta.

La orden cuenta en Madrid con una carpa de adoración en otro sector del parque, donde los fieles hacen continuamente cola para orar, además de una exposición de fotos, escritos y pertenencias a Teresa de Calcuta, como un par de sandalias.

"Esta es una manera concreta de compartir con los jóvenes el mensaje de la Beata Teresa", dijo el hermano Alejandro Martínez, cubano de 30 años residente en Roma. "Es muy hermoso que ellos vengan a informarse y conocer más sobre sus pensamientos en un marco como el de la Jornada Mundial de la Juventud, con todos los valores del cristianismo y jóvenes de distintos países aquí reunidos".

Aunque, en principio, se trata únicamente de casetas informativas, Martínez admitió que una de las ideas es "captar nuevos adeptos".

"Los interesados pueden contactar con nosotros vía Internet, o también dejar sus datos", relató.

Algunas organizaciones, entre las que se pueden encontrar nombres como Cristianos sin Fronteras, la Legión de María u Opus Christi Salvatoris Mundi, se muestran más activas que otras en el esfuerzo reclutador.

Pero ninguna reúne el ritmo caribeño de los Lectionautas y Fray Richard, originario de Panamá. Mientras Johann Alvarez, colombiano de Barranquilla de 33 años y comunicador social, reparte camisetas de la organización, que se define como "educativa", el sacerdote mueve las caderas, alza las manos y libera la garganta al son del pegadizo reggaeton que escupen los altavoces, no precisamente faltos de decibelios.

"Todos hemos ganado un concurso en nuestros países para venir acá y difundir este método de estudio basado en la fe. Toda Latinoamérica está representada", gritó Alvarez, mientras decenas de peregrinos seguían a su espalda el compás de Fray Richard.

Otra de las imágenes del habitualmente tranquilo Retiro son los confesionarios. Un auténtico "océano" por la combinación de su impresionante número, unos 200 alineados en dos filas de 100, así como por la curiosa forma de su moderna estructura: entre una tabla de surf y una vela de barco.

"Me gusta su estilo, se nota que la Iglesia está al tono con los tiempos de hoy", comentó Cristina Haselden, cocinera madrileña de 37 años, al abandonar la zona de confesión. "Vine a confesarme aquí en lugar de mi parroquia habitual porque creo que es un buen ejemplo para estos jóvenes".

Motivaciones no parecen faltar. Los voluntarios señalaron que el ritmo de visitas es constante para recibir el sacramento del perdón en varios idiomas antes de asistir a los actos presididos por el Papa. Los confesionarios, que protegen del sol a los sacerdotes inscritos previamente para confesar, exhiben en un costado los idiomas disponibles en cada caseta.

Incluso se ha concedido un permiso especial sólo para estos días de la Jornada. Y los sacerdotes pueden perdonar la excomunión a mujeres que haya abortado y se arrepientan sinceramente.