La frase lapidaria con la que Mario Vargas Llosa inicia su novela Conversación en la Catedral: ¿En qué momento se había jodido el Perú? viene muy bien para reflexionar acerca de cuándo fuees que ocurrió lo mismo con México, considerando el contexto actual de violencia por el que atraviesa el país.

Y es que en menos de una década el país pasó de ser una nación con conflictos normales, pero estable que, entre otras cosas, se enorgullecía de ser considerado como un oasis para los perseguidos –albergando en el siglo pasado a una gran cantidad de refugiados y asilados de diversas nacionalidades– a convertirse por primera vez, cuando menos en la historia reciente, en un país generador de refugiados.

Muchos deben ser los factores que explican este fenómeno, pero el principal es la inseguridad y la incapacidad del estado para proteger a sus ciudadanos –que dicho sea de paso, es su obligación principal– porque si no hubiera ocurrido así, sería prácticamente imposible que cualquier otro estado hubiera decidido otorgar este estatus a los 6,816 mexicanos que reportó la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) a CNN México en Junio de 2011, los cuales se localizan primordialmente en Canadá y Estados Unidos.

La mayoría de las personas que se encuentran en estas circunstancias han recibido esta protección luego de comprobar estar huyendo de los altos niveles de violencia y criminalidad que prevalecen en sus lugares de origen y por sus temores fundados de convertirse en víctima de los diferentes grupos delincuenciales que han tomado -de facto- el control de muchos pueblos y ciudades del país.

Para entender la gravedad de esta situación, sólo hace falta revisar la información que recientemente publicó El Semanario Zeta de Tijuana, en el sentido de que, desde que inició la actual administración, van más de 50,000 personas asesinadas en hechos relacionados con el crimen organizado, muchas de las cuales nada tenían que ver con algún grupo delictivo.

Lo alarmante de esta situación, es el espectacular incremento de este fenómeno, que ha pasado de un total de 8,780 ejecuciones a lo largo de todo el sexenio anterior (2001-2006), a más de 50,000 en los últimos 4 años y medio (nuevamente, según los datos del semanario tijuanense, que contabiliza 51,490), con un dato adicional y más estremecedor: que durante el sexenio anterior el porcentaje de los homicidios vinculados con el crimen organizado representaba únicamente el 12% del total general de los homicidios dolosos cometidos en el país, mientras que en la actual administración ese porcentaje es del 72%.

Este exagerado incremento de asesinatos al que además había que agregar la brutalidad empleada no sólo para matar, sino también para aterrorizar a sus enemigos y a la población en general, podría explicar también el por qué de la disminución de migrantes hacia los Estados Unidos, sobre todo cuando se han multiplicado las historias y los reportajes acerca de la manera en la cual estos (los migrantes), son extorsionados, secuestrados, torturados, enrolados en el crimen organizado y, desde luego, asesinados.

Sobre esto último, los gobiernos de México y Estados Unidos han apresurado conclusiones "optimistas", pues esta disminución en el número de migrantes ha sido interpretada en el lado estadounidense como un "éxito" de sus programas de control fronterizo, mientras que de este lado se afirma que esto es una señal de que la situación económica del país está mejorando y por ello cada vez menos personas se arriesgan a cruzar la frontera –aunque ahora, al parecer, es más difícil cruzar el país-, ya que aquí están encontrando las oportunidades que en el pasado sólo podían conseguir del otro lado (sic).

Volviendo al tema de los refugiados mexicanos, habría que decir que hasta antes de la llegada de la alternancia en México, no existían registros de connacionales viviendo en otro país en calidad de refugiados, de hecho sólo recuerdo haber leído alguna vez un trabajo de Erasmo Sáenz Carrete; titulado: "Un servidor público nacional e internacional con las refugiadas y los refugiados"; en el que menciona que por ahí de los años setenta en París, cuando colaboraba para la organización France Terre d'Asile, supo de un par de casos de mexicanos que vivían refugiados en Francia, aunque no detalla si quien los auxiliaba era el gobierno francés o sólo la organización para la que trabajaba.

En ese sentido, a nadie en este país se le hubiera ocurrido pensar hace 10 ó 15 años que para estas fechas existieran más mexicanos viviendo como refugiados en otros países, que refugiados de otras nacionalidades viviendo en México, tomando en cuenta que de los primeros hay más de 6,000 personas, mientras que el número de refugiados bajo la protección del gobierno mexicano apenas llega a 1,445.

En conclusión resulta irónico que hasta antes de la alternancia en México –pese a ser calificado de ser una democracia ficticia, incluso se llegó a hablar de una "dictadura perfecta" (Mario Vargas Llosa calificó así al sistema mexicano en 1990)– no hubiera habido casos documentados de refugiados o exiliados, mientras que ahora, a más de diez años del "cambio democrático", existen miles de mexicanos refugiados en otras naciones recibiendo la protección que debió darles su gobierno, el cual, en estos momentos, es simplemente incapaz de ofrecerla.

AOL NOTICIAS

Alfonso Hernandez Ortega. (1969) Licenciado en Relaciones Internacionales (1993)y Maestro en Gobierno y Asuntos Públicos (2005) por la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

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