El papa Benedicto XVI dijo: "Las cosas de Dios merecen rapidez, es más, son las únicas cosas del mundo que tienen verdadera urgencia para nuestra vida".

El papa celebró esta mañana una misa por la Asunción de la Virgen María en la pequeña parroquia pontificia de "Santo Tomás de Villanueva" en la localidad donde descansa, Castel Gandolfo, situada en unos 30 kilómetros de Roma.

Durante la misa, la primera petición que hizo el papa fue para el éxito de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que presidirá del 18 al 21 de agosto en Madrid,

En la homilía, Benedicto XVI analizó un capítulo del Apocalipsis y otro del Evangelio de Lucas, que narra la visita a Isabel de la Virgen encinta.

"María -dijo el papa Ratzinger- es el símbolo de la presencia de Dios en el mundo, es el camino para alcanzar un futuro de alegría: De esta manera el cristiano acepta la amistad de Cristo, le sigue cada día, incluso en los momentos en que sentimos que nuestras cruces se hacen pesadas".

Tras la misa, el papa se dirigió a pie acompañado por su hermano Georg y otros prelados hacia el Palacio Apostólico y se paró en el Ayuntamiento, donde leyó un placa colocada el 7 de julio de 2010 con las palabras que él pronunció a su llegada a Castel Gandolfo: "Aquí encuentro todo: la montaña, el lago y veo hasta el mar y también gente buena".

Después, asomado a la ventana al patio del Palacio Apostólico, donde colgaba un tapiz de la Asunción subiendo a los cielos, rezó El Ángelus ante los peregrinos allí congregados.

Tras el rezo, el Obispo de Roma se refirió al Apocalipsis para explicar que en la lucha entre el bien y el mal, entre la mujer y el dragón, entre Jesús y el maligno, el bien puede vencer.

"Hoy -dijo de la Virgen- la contemplamos subir hacia la montaña de Dios y entrar en la Jerusalén celeste vestida de sol, con la luna bajo los pies y en la cabeza una corona de doce estrellas".

Aseguró que en la Virgen María los cristianos ven "la meta hacia la cual caminan todos aquellos que saben enlazar su propia vida a la Jesús, los que saben seguirlo como ha hecho María".

La fiesta de la Virgen es festejada conjuntamente por los cristianos de Oriente y de Occidente y el dogma de la Asunción fue establecido en 1950 por Pío XI.