El Consejo de Seguridad de la ONU se prepara para analizar de nuevo el miércoles la situación en Siria, donde hoy se vivió una nueva jornada de represión, una semana después de que sus miembros condenaran por primera vez la violencia ejercida por Damasco sobre los manifestantes.

Mientras sigue adelante el hostigamiento de las fuerzas de seguridad sirias contra las zonas que son escenarios de protestas de la población, el máximo órgano internacional de seguridad recibirá este miércoles el informe que pidió al secretario general del organismo, Ban Ki-moon, sobre la situación en el país árabe.

Los miembros del Consejo son conscientes de que el informe no contendrá buenas noticias, según explicaron hoy a Efe fuentes diplomáticas, debido a los últimos acontecimientos vividos en Siria, donde este martes murieron una treintena de personas, entre ellas ocho niños, por los disparos del Ejército.

Además, el presidente sirio, Bachar al Asad, sigue justificando la represión contra los civiles al acusar a hombres armados de estar detrás de las protestas contra su régimen que vive el país desde hace varios meses.

"Hace tiempo que se habla con Siria y se pide a Al Asad que detenga la represión, pero no hace caso y la situación no mejora en absoluto", indicaron las mismas fuentes diplomáticas, que esperan que las consultas que celebrará el Consejo sirvan para ver qué opinan de nuevo la totalidad de los miembros sobre la situación.

"Vamos paso a paso. Hace una semana, conseguimos abrir una puerta con la condena a la violencia y ahora hay que mantenerla abierta. Hay que ver qué opinan todos los miembros cuando se nos informe de que la situación no ha mejorado para nada y que las autoridades no han hecho nada para cambiarla", añadieron.

Las mismas fuentes indicaron que, pese a que la de mañana se trata de una reunión regular de la que no esperan acciones concretas, existe expectación en el Consejo de Seguridad por conocer la opinión de los miembros que se habían opuesto a condenar a Damasco, ahora que esa condena ha llegado incluso de las monarquías del Golfo Pérsico y que incluso Turquía se haya posicionado.

Rusia y China, apoyadas por India, Brasil y Sudáfrica, se opusieron repetidamente a que el Consejo de Seguridad emitiera una condena a Damasco como querían los miembros europeos y Estados Unidos, algo a lo que finalmente accedieron el 3 de agosto, cuando se acordó una declaración presidencial contra el régimen de Al Asad.

El texto, que no recibió la categoría de resolución y que no incluyó ningún tipo de sanciones, condenó "las violaciones generalizadas de los derechos humanos y el uso de la fuerza contra los civiles por parte de las autoridades sirias" y pidió un cese inmediato de la violencia.

La organización Human Rights Watch (HRW) pidió hoy al Consejo de Seguridad que este miércoles aumente las presiones a Damasco para que cumpla las peticiones de la ONU y cese los ataques contra los manifestantes pacíficos, señalaron sus responsables en un comunicado en el que piden "nuevas medidas" si Al Asad no cede.

"El Consejo de Seguridad debería considerar aplicar sanciones sobre los individuos responsables de la violencia, así como un embargo de armas", detalló la organización, que espera que el máximo órgano de decisión de la ONU mantenga a Siria en su agenda.

Siria centra la atención del Consejo de Seguridad desde hace meses debido a la presión europea para lograr una condena, aunque el órgano encontró repetidas dificultades en arremeter contra Al Asad debido al papel estratégico que algunos de sus miembros juegan todavía en la región y a las reticencias de otros a que se repita una situación con la que vive Libia.