Cuando Altaiza Silva perdió su trabajo limpiando casas hace dos años, pensó que tendría que sacar a sus hijas de la escuela y ponerlas a trabajar, perpetuando el ciclo de pobreza que atenazó a distintas generaciones de su familia.

La caída de Silva en un abismo, no obstante, fue interrumpida por un programa social que incluye uno de los subsidios para hogares pobres más grandes del mundo, por valor de 8.000 millones de dólares. La mujer recibe 65 dólares al mes, equivalente a una quinta parte de su sueldo como empleada de limpieza de un hospital. Para personas como ella, ese dinero de la Beca Familia marca la diferencia entre pasar hambre y salir a flote.

La iniciativa podría ser imitada en otros lugares del mundo ahora que los precios de los alimentos siguen subiendo, las economías se tambalean y Africa Oriental es azotada por hambrunas.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) acaba de elegir como director general a José Graziano da Silva, ex ministro brasileño de seguridad alimenticia y uno de los creadores del programa "Hambre Cero", del que forma parte Beca Familia.

Graziano dijo que erradicar el hambre es la gran prioridad de la FAO, la agencia especializada más grande de la ONU, con un presupuesto de mil millones de dólares. Si bien esa suma ni se acerca al presupuesto de Beca Familia, la FAO se propone promocionar programas gubernamentales de ese tipo en todo el mundo.

El especialista brasileño, de 61 años, declaró la semana pasada en Brasilia que Hambre Cero debería ser un modelo para otros países. En los últimos ocho años,el programa ayudó a sacar de la pobreza a 19 millones de brasileños. En el caso específico de Silva, evitó que sus hijas dejasen de estudiar.

El aspecto saliente de Hambre Cero, según Grazieno, es su "fuerte marco institucional". La constitución brasileña incorporó hace poco el derecho a la alimentación y el gobierno trabaja estrechamente con organizaciones cívicas.

"Estos son los dos pilares que hacen que el programa brasileño sea tan atractivo para el resto del mundo", expresó Graziano.

La iniciativa, por otro lado, busca cambiar el comportamiento de la gente y le exige a los padres que sus hijos vayan a la escuela y que se sometan a controles médicos para recibir ayuda.

La elección de Graziano fue bien vista por las organizaciones que luchan contra el hambre y la pobreza, las cuales han seguido de cerca los programas para combatir la desigualdad y la pobreza extrema característicos de Brasil. El gran interrogante es si ese modelo puede funcionar en países con otros gobiernos, otras culturas y otros problemas.

La FAO estima que 925 millones de personas sufrieron de malnutrición el año pasado, comparado con los 800 millones de mediados de la década de 1990. Si bien en el 2010 se registró por primera vez un descenso en las tasas de malnutrición, los expertos temen que el alza de los precios de los alimentos agrave el problema.

Los progresos en Brasil han sido sorprendentes: Según un informe del gobierno de mayo, la cantidad de personas que viven en la extrema pobreza bajó de 17 millones en el 2003 a 9 millones seis años después. Esos hogares tenían un promedio de ingresos de menos de 30 dólares al mes.

Estudios de la Fundación Getulio Vargas, organismo de investigación, señalan que la Beca Familia es responsable de una merma del 20% en las tasas de pobreza y desigualdad. En junio el programa abarcaba a más de una cuarta parte de los 190 millones de brasileños.

El porcentaje de personas malnutridas fue reducido en casi la mitad, al 6%, entre comienzos de la década del 90 y el 2007, de acuerdo con la FAO.

Los detractores de Graziano sostienen que el éxito de esos programas se produjo cuando él ya no estaba involucrado en el proyecto.

Graziano ayudó a crear el programa Hambre Cero, pero fue destituido de su cargo un año después, en medio de quejas de que la iniciativa no estaba dando resultados. Siguió como asesor del presidente Luiz Inacio Lula da Silva y en el 2006 pasó a ser el principal representante de Latinoamérica en la FAO. Posteriormente se lo eligió director general en reemplazo del senegalés Jacques Diouf. Asumió el 1ro de enero.

"Fue el primer director de Hambre Cero, es cierto, pero fracasó", afirmó Alexandre Barros, analista político de Brasilia. "Hambre Cero fue un fracaso al principio y fue descartado rápidamente y reemplazado" por otro modelo.

Marcelo Neri, de la Fundación Getulio Vargas, dijo que al principio no conseguían que distintos programas coordinasen sus trabajos y había una impresión generalizada de que la iniciativa no funcionaría.

"Hambre Cero empezó de una forma inocente. Mejoró, pero no mucho, y dio paso a Beca Familia, un programa del gobierno de Lula", expresó Neri. "Hambre Cero pasó a ser un slogan".

Sea como sea, entre los sectores que combaten el hambre predomina la esperanza de que Graziano traiga nuevas ideas a la FAO.

"Al final de cuentas, participó en la construcción de Hambre Cero durante el gobierno de Lula y viene de un país que creó uno de los sistemas de protección social más grandes del mundo", manifestó Adriano Campolina, director de la rama brasileña de la organización caritativa ActionAid.

Lula lanzó Hambre Cero en el 2003, como parte de su promesa de combatir el hambre. La iniciativa combinó varios programas e incorporó nuevas medidas, como la Beca Familia.

El plan combina decenas de iniciativas, incluidos programas de apoyo a los pequeños agricultores, restaurantes que sirven comidas baratas y capacitación laboral para las mujeres.

Brasil destina apenas el 0,4% de su producto bruto en la Beca Familia, pero el programa tiene un impacto mucho más grande que el de otras iniciativas más costosas en la reducción de la desigualdad.

Los programas brasileños, que se inspiran en parte en una iniciativa mexicana, están siendo imitados en otros países. En Latinoamérica hay 16 programas de transferencias de fondos condicionales y se sabe de al menos 14 en otras regiones del mundo.

"La experiencia de Brasil es una gran inspiración para muchos países en desarrollo que combaten el hambre", expresó Asma Lateef, director del Bread for the World Instituto (Institudo Pan para el Mundo), una organización de Washington que combate el hambre. "El que haya podido ser implementado tan rápido es un gran éxito y le da esperanzas a otros pueblos alrededor del mundo".

Ian Walker, del Banco Mundial, dijo que la Beca Familia es uno de los programas de transferencia de dinero "mejor elaborados y manejados".

Pero advirtió que no se lo puede imitar al pie de la letra sino que hay que adaptarlo a "las condiciones locales" de cada país.

La participación de fuerzas locales es, de hecho, uno de los secretos del éxito de Beca Familia: estimula el aporte de funcionarios locales y de la gente que recibe la ayuda, lo cual conduce a un mejor uso del dinero.

Walker señala que las municipalidades brasileñas reciben incentivos económicos para que vigilen de cerca al cumplimiento con el requisito de que los niños vayan a la escuela.

Silva, quien es una madre soltera, dijo que su deseo de que sus hijas tengan una vida mejor que la suya es lo que la impulsó a incorporarse a Beca Familia.

"No tenía otra opción. No tenía trabajo y tenía que alimentar tres bocas, tres niñas a las que había que vestir y comprarles las cosas para la escuela", manifestó. "De no haber sido por la ayuda del gobierno, no hubiera podido hacerlo. Esto ha sido un milagro para mí".

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El reportero de AP Marco Sibaja colaboró en este reportaje desde Brasilia.