Los pilotos del vuelo entre Río de Janeiro y París que se estrelló en el Atlántico con 228 ocupantes a bordo en 2009 no quisieron evitar una zona de turbulencias, a diferencia de lo que hicieron el resto de los aviones que pasaron por la zona ese día, revela hoy el diario "Le Figaro".

El rotativo afirma que ha tenido acceso a parte de las grabaciones de las conversaciones de la tripulación contenidas en las cajas negras y no desveladas hasta ahora por los investigadores y concluye que su comportamiento "no refleja profesionalismo".

La Oficina de Investigación y Análisis (BEA), encargada de las pesquisas, publicó parte de las conversaciones de los pilotos, pero el diario asegura que se omitieron algunos extractos.

En particular, el diario afirma que "los pilotos no modificaron su ruta pese a las condiciones meteorológicas desfavorables".

Según "Le Figaro", todos los aviones presentes ese día en la zona cambiaron su ruta para evitar cumulonimbos cargados de hielo, capaces de congelar las sondas de medición de velocidad.

El AF447 de Air France, un A330 construido por Airbus, había despegado con normalidad del aeropuerto de Río de Janeiro con destino a París y con doce miembros de la tripulación y 216 pasajeros, la mayoría franceses y brasileños.

Veinte minutos antes del accidente, con fastidio, el comandante aseguró a sus adjuntos que el avión "va a pasar por las turbulencias cuando yo esté acostado", poco antes de agregar que se marchaba para tomar su reglamentario descanso.

Los copilotos modificaron ligeramente su trayecto, pero pasaron por la zona de cumulonimbos, lo que provocó que las sondas de velocidad se congelaran y, al no enviar información correcta, el piloto automático se desactivó.

Es fue el origen del drama, ya que en vuelo manual los pilotos, que no tenían la formación adecuada para este tipo de circunstancia, tomaron decisiones erróneas, según reveló el BEA en su tercer informe preliminar, publicado el pasado día 29.

Los investigadores indicaron que estaban analizando ahora los motivos que llevaron a los pilotos a actuar de esa forma, que serán el principal punto del informe definitivo que tienen previsto publicar en la primera mitad del año próximo.

Las conclusiones del tercer informe provocaron la cólera del sindicato de pilotos, que consideró que se cargaban las tintas sobre la tripulación y se preservaba al avión, lo que motivó que decidieran abandonar su colaboración con la investigación.

Esa iniciativa la tomaron después de que la prensa revelara el pasado jueves que el BEA había omitido posibles disfunciones en el funcionamiento de la alarma de caída libre.

Ésta, según el BEA, funcionó correctamente, pero se activó y desactivó durante el incidente, lo que pudo confundir a los miembros de la tripulación, que no tomaron las decisiones adecuadas para un avión en caída libre.

La revelación de "Le Figaro" deja en mal lugar a los pilotos. El rotativo añade, además, que Air France se ha negado hasta ahora a enviar al BEA documentos sobre la cualificación profesional del comandante del vuelo.

Según el diario, el comandante fue suspendido en 2007 en un examen de "adaptación en línea", pero un mes más tarde lo superó, sin que el BEA haya tenido acceso todavía a esos detalles.

El BEA ha recibido críticas a su independencia por parte de los pilotos y de los familiares de las víctimas, que quieren tener acceso directo al contenido de las cajas negras al haber perdido la fe en los investigadores.