Los incendios que se producen de nuevo en la tundra ártica después de una ausencia de más de mil años, tienen el potencial de acelerar el calentamiento mundial y alterar el clima del planeta, según un estudio divulgado hoy.

Científicos de la Universidad de Florida (UF) llegaron a esa conclusión basados en el análisis de la cantidad de carbono que fue emitido a la atmósfera durante un incendio que ocurrió en 2007, en la zona del río Anaktuvukr que se extendió por más de mil kilómetros cuadrados en la ladera norte de la cordillera Brooks de Alaska.

Los ecologistas de la UF Michelle Mack y Ted Schuur y un equipo de científicos determinaron que más de 2,1 millones de toneladas métricas de carbono fueron emitidas por el incendio, cantidad que supera en más del doble los gases de efecto invernadero emitidos por la ciudad de Miami en un año.

"Es una cantidad suficiente para sugerir que los incendios en el Artico podrían impactar el clima mundial", dijo Mack, profesora asociada de ecología de ecosistemas del departamento de biología de la UF, en Gainvesville, en el centro de Florida.

La ecologista dijo: "estamos viendo los efectos de una atmósfera que se calienta. Es una campanada de alarma de que el ciclo de carbono ártico podría cambiar rápidamente, y necesitamos saber cuáles serán las consecuencias".

Los científicos explicaron que el humo de los incendios en la tundra ártica emiten gases de efectos invernadero, pero es solo una parte del impacto causado por ese tipo de fuego.

Los incendios también consumen hasta 30 por ciento de la capa orgánica que protege al permagel (suelos permanentemente congelados) que se encuentra en la tundra.

Precisaron que en un incendio forestal, por lo general el fuego consume la vegetación, pero no el suelo.

Debido a que la tundra ártica está compuesta por un suelo rico en carbono, la tierra es un "combustible por sí misma".

Cuando el incendio se extingue, el impacto en la zona es doble porque el vulnerable permagel no solo queda más expuesto, sino que también queda cubierto por tierra negra que absorbe más calor del sol, lo que a su vez acelera el descongelamiento de la zona.

Según el estudio, cuando se calienta el permagel, los microbios comienzan a descomponer el material orgánico y se podría emitir a la atmósfera, incluso, más carbono del que se encontraba almacenado en el permagel por cientos o miles de años.

"Si esa enorme cantidad de carbono es liberado, eso podría aumentar el dióxido de carbono en la atmósfera drásticamente", se advirtió.