El presidente haitiano Michel Martelly se ha mostrado como un hombre del pueblo, una estrella del pop que llegó con facilidad al corazón de las multitudes que lo adoran. Por eso, la recepción que recibió en su más reciente viaje al norte de su país fue una sorpresa: los manifestantes arrojaron botellas y piedras a su séquito.

Martelly no resultó herido durante la inesperada protesta del domingo en Cabo Haitiano, la segunda ciudad más grande del país, y la policía no ha determinado el motivo preciso del alboroto.

Sin embargo, cada vez es más evidente en un país agobiado por la pobreza, los desastres naturales, las enfermedades y décadas de promesas gubernamentales incumplidas, que los haitianos tienen poca paciencia con los políticos que no producen resultados, incluso si es un presidente que ha estado en el cargo menos de tres meses.

"Martelly hizo muchas promesas, pero hasta ahora, nada", dijo Frantz Nelson, de 34 años, quien votó por el ex cantante. Nelson dijo que esperaba que Martelly le ayudara a él y a su familia a salir de un campamento frente al Palacio Nacional, donde ha vivido desde que un devastador terremoto azotó al país en enero de 2010.

"Estamos impacientes y nuestros niños están impacientes".

Una de las claves del éxito de Martelly en las elecciones de noviembre fue su condición de personaje ajeno a la política, que atrajo a los votantes aparentemente hastiados de la educada élite tradicional, que tiende a ocupar las más altas posiciones en el país caribeño.

El era un artista popular de un estilo de música haitiana conocida como compás, y era conocido por sus actuaciones en el escenario, en ocasiones indecentes y groseras. A pesar de haber sido conocido por adoptar puntos de vista políticos, venía de un molde radicalmente diferente a los políticos del país. Al final ganó una campaña que en un momento incluyó a un sucesor escogido a dedo por el ex presidente René Preval y a una ex senadora que también había sido primera dama.

Su falta de experiencia, sin embargo, es en parte lo que lo limita ahora: Carece de una base de apoyo más allá de los seguidores de su música, y depende en alto grado de un equipo muy unido de amigos cercanos que también son nuevos en el gobierno.

El hecho de que no ha logrado convencer a los legisladores para que aprueben su elección para primer ministro explica en parte por qué hasta ahora tiene pocos logros para presumir. Casi no tiene apoyo en el Parlamento, que rechazó de plano su primera elección para primer ministro y parece estar listo para votar de nuevo en contra de su segunda opción.

En consecuencia, ha avanzado poco en las promesas de construir casas para los cientos de miles que quedaron sin hogar por el terremoto, así como en crear puestos de trabajo en un país con una tasa de desempleo de más del 50%. Martelly tampoco ha hecho mucho para ofrecer educación gratuita en un país donde la mitad de los niños no asistían a la escuela, incluso antes del terremoto.

Martelly, consciente de los crecientes signos de desencanto, insiste en que está todavía en camino de alcanzar sus ambiciosas promesas de campaña. "Me comprometo a hacer esto para el beneficio de las masas y de nuestros ciudadanos, y crear las condiciones para la recuperación de nuestro país", dijo en una reunión de la Comisión Provisional para la Reconstrucción de Haití a principios de julio.