Marcelo Larín se sintió aterrado al observar en medio de matorrales cómo un grupo de hombres violaban a una mujer guatemalteca, mientras que su esposo estaba amarrado a un árbol, desnudo, inconsciente y con las piernas llenas de heridas de machete.

Es uno de los miles de relatos de indocumentados que se internan en un tortuoso camino hacia Estados Unidos en busca del "sueño americano". Muchos encuentran la muerte, el secuestro y robos a manos de bandas criminales en México. Quienes sobreviven, a menudo regresan a sus países con las vanos vacías y deudas más grandes.

Larín, conocido como "Marcelo el Inmigrante", un salvadoreño con apenas 17 años, presenció la aterradora escena junto a otros centroamericanos a principios de enero del 2006 en el sector de la estación migratoria conocida como la Arrocera, en el municipio mexicano de Huixtla, estado de Chiapas.

"Habíamos caminado sin parar por cinco días desde Tapachula por veredas y montañas esquivando a las autoridades cuando empezamos a escuchar gritos. No pudimos hacer nada por temor, pero esperamos hasta que los sujetos se fueran para ayudarles al guatemalteco y su esposa", recordó Larín a The Associated Press.

Larín llegó pocos días después a la casa del inmigrante de la población de Arriaga, donde frenó su marcha, sirvió comida y alivió a otros inmigrantes que llegaban o salían del albergue, dirigido por padres católicos. El salvadoreño escribió luego canciones en favor de los derechos humanos de los inmigrantes.

Ahora, a sus 22 años, forma parte del Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador (COFAMIDE), un organismo no gubernamental, y sus charlas motivacionales alivian la pena de familias salvadoreñas que guardan la esperanza de volver a ver a parientes desaparecidos y trata de convencer a los jóvenes de que no viajen sin papeles a los Estados Unidos.

COFAMIDE funciona con donaciones internacionales. Es apoyado por el gobierno salvadoreño y organizaciones de los derechos humanos de Guatemala y México.

Desde su fundación en el 2006, COFAMIDE investigó 309 denuncias de violaciones a los derechos humanos y desapariciones en Guatemala y México de salvadoreños que han viajado sin papeles a los Estados Unidos. Dice que ubicó a 48 personas y repatrió cinco cadáveres, entre ellos el de un joven cuyo cuerpo fue traído de vuelta en diciembre pasado tras morir de hipotermia en el desierto de Arizona.

La víctima había sido amenazada por pandilleros en este país y decidió pagar 7.000 dólares a un coyote para que lo llevara a los Estados Unidos, apuntó Lucía González, directora de COFAMIDE.

"Muchos casos no son denunciados por temor o porque en su mayoría los coyotes conocen a sus familiares", dijo González en su oficina en San Salvador, repleta de fotografías con rostros de desaparecidos con la frase: "¿Dónde están?".

Según González, en la mayoría de los casos los migrantes que no llegan a Estados Unidos son abandonados por los coyotes, asesinados por delincuentes o mutilados por los rieles de los trenes en su intento por subir a éstos en movimiento. "O caen en manos de personas que se han aprovechado de su condición" de migrantes sin papeles, utilizándolos hasta en la prostitución, señaló.

"Pero siempre encontramos una voz amiga que nos da una mano para ayudar a las víctimas", indicó.

Un hermano de González, José Salomón, partió el 5 junio del 2000 "en busca de un futuro mejor" y un mes después fue encontrado torturado con un balazo en la cabeza, amarrado de manos y pies con alambres de púas en La Arrocera, según la dirigente de derechos humanos.

El vicecanciller para salvadoreños en exterior Juan José García dijo que se estima que "entre el 75 y el 85%" de los emigrantes salvadoreños llegan a Estados Unidos. "Eso quiere decir que hay de un 15 a un 25% de capturas en el tránsito o de fracasos para llegar a los Estados Unidos", acotó.

No existe una cifra oficial sobre la migración ilegal de salvadoreños, pero estimaciones de COFAMIDE señalan que podría alcanzar las 250 a 300 personas diarias, entre hombres, mujeres y niños.

Miguel Montenegro, de la comisión no gubernamental de los derechos humanos, afirma que "el 85% (de los salvadoreños que parten hacia los Estados Unidos) emigra de una forma indocumentada, arriesgan su vida y, sobre todo, arriesga su situación económica en el país".

"Muchos tienen que hipotecar sus viviendas, sus terrenitos o vender varias cosas para reunir el dinero que les cobra el coyote, entre unos 6.000 a 7.000 dólares", señaló Montenegro. "Si no tiene el dinero, el salvadoreño viaja arriesgando su vida sin apoyo de ningún coyote, pero con un fondo económico, y son estas personas que corren mucho más riesgos. Estamos hablando de personas que muchas veces son secuestradas".

El funcionario dijo que quienes no llegan a Estados Unidos, o son deportados, se encuentran en situaciones muy comprometidas.

"Esas personas algunas veces son maltratadas, enrejadas muchas veces en los Estados Unidos y en México, y son enviadas a la frontera entre Guatemala y El Salvador con una situación bastante deplorable", expresó. "Algunos lo pierden todo --la vivienda, su terreno-- al no llegar a Estados Unidos. En algunos casos un familiar en Estados Unidos tiene que pagar una cantidad determinada para que puedan llegar".

Montenegro indicó que otro riesgo que enfrentan los salvadoreños es el crimen organizado de grupos como los Zetas. "El narcotráfico está utilizando a los migrantes para ser secuestrados y pedirles una cuota determinada a los familiares, sobre todo en los Estados Unidos", manifestó. "Los secuestradores le hacen un estudio de la gente y aquél que tiene la posibilidad de pagar un rescate para liberarlo".

Los migrantes saben los peligros que enfrentan, pero de todos modos emigran por la falta de oportunidades en su país, señaló Montenegro.

"Los riesgos son muchísimos desde el momento en que ese hombre o esa mujer abandona su casa, su trabajo", declaró. "Se van motivados por la falta de empleo y oportunidades en nuestro país. Si aquí hubiera oportunidades para todos, no tomarían esas decisiones".

Cifras oficiales señalan que unos 3 millones de salvadoreños viven en los Estados Unidos. La mayoría salió del país por la guerra civil en la década de 1980. Se desconoce qué porcentaje de ellos son indocumentados, aunque se sabe que más de 200.000 son personas sin papeles que están amparadas por el estatus de protección migratoria conocido como TPS, por sus siglas en inglés, desde enero del 2001.

Uno de los factores que dificulta el conteo es que los salvadoreños no necesitan pasaporte para ingresar a Guatemala, su vecino al oeste, por lo que no hay registros de cuántos inician el recorrido por allí.

Un punto de referencia sobre la migración de salvadoreños es la localidad mexicana de Arriaga, en el estado sureño de Chiapas, donde a diario "se reportan entre 60 y 75 salvadoreños que llegan a abordar el tren", dijo a la AP el vicecanciller García.

Sin embargo, Arriaga es apenas una de seis rutas que los salvadoreños utilizan en México, donde se exponen a "homicidios, secuestros, robos, extorsiones, lesiones, trata de personas, violación sexual", según un informe de violaciones a los derechos humanos y delitos graves contra migrantes salvadoreñas en tránsito por México durante el año 2010, emitido por la cancillería de El Salvador a principios del 2011.

De acuerdo con ese informe, en el 2010, unos 250 salvadoreños fueron víctimas de violaciones a los derechos en México y otros 21 murieron, entre ellos 14 que eran parte de 72 ejecutados en agosto pasado en Tamaulipas, cerca de la frontera con Estados Unidos, un hecho atribuido al cartel de las drogas de los Zetas, según un informe de la cancillería de El Salvador.

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En la Internet:

COFAMIDE: http://www.cofamide.blogspot.com/

Marcelo el Inmigrante: http://www.youtube.com/watch?v=4bbfpy4Z7ys