Al ritmo de tambores y bailes de coloridos personajes enmascarados, los habitantes del poblado costero de Naiguatá celebraron el jueves la ancestral tradición de los Diablos Danzantes acompañados de los Tambores de San Juan, que luego de casi 95 años se unieron en la fiesta religiosa del Corpus Christi.

Las pequeñas y empinadas calles de la localidad de Naiguatá, que hace centurias fue un poblado de indígenas y esclavos africanos productores de cacao, caña de azúcar y maíz, se llenaron el jueves cuando sus más de 5.000 habitantes salieron, algunos de ellos vestidos como Diablos Danzantes, a celebrar el Corpus Christi.

Los "Diablos de Naiguatá" es una de once cofradías venezolanas de los diablos danzantes que tienen más de 200 años de historia.

Los diablos danzantes, que son producto de un sincretismo entre las culturas africana, indígena y española, salen en junio durante la fiesta católica del Corpus Christi para rendir homenaje y pagar promesas al Santísimo Sacramento en un alegre baile que representa la lucha entre el bien y el mal.

En el caso de Naiguatá es común ver a hombres y mujeres de todas las edades y a familias enteras que salen con sus hijos de hasta de tres años a celebrar la ancestral tradición de los diablos.

A media mañana y bajo un candente sol, el retumbar de un tambor llamado "Caja Mayor" hizo despertar a centenares de "Diablos Danzantes" que comenzaron a salir de sus humildes casas.

En cuestión de minutos, la céntrica plaza Bolívar, próxima a la pequeña iglesia del pueblo, se llenó de hombres, mujeres y niños vestidos de camisa manga larga y pantalón largo pintados con coloridas figuras geométricas e imágenes de santos en la espalda, cinturones cargados de campanas, alpargatas con pequeñas cruces rojas y el rostro cubierto con telas que llaman "sacos".

Los bailarines llevaban en sus manos vistosas máscaras con formas de animales marinos y de montaña, diablos y tritones con expresiones malvadas y sonrisas, que se movían frenéticamente mientras danzaban por todos los rincones del centro de Naiguatá, que está enclavado en la costa oriental del estado Vargas.

Al escucharse la última de las 12 campanadas de la iglesia, en señal del inicio del mediodía, el sonido de los "Tambores de San Juan" inundó todos los rincones y una gran jolgorio popular se apoderó del lugar mientras centenares de pobladores, que nunca en su vida había presenciado la unión de las dos tradiciones, levantaban las manos en señal de saludo y gritaban al unísono "por siempre".

El alegre ritmo de cerca de una veintena de tambores enloqueció a los "Diablos Danzantes" que de manera libre y tumultuosa empezaron a danzar por las céntricas calles de Naiguatá, mientras centenares de turistas nacionales y extranjeros tímidamente intentaban unirse a la frenética danza.

La fiesta de Corpus Christi generalmente es celebrada en junio sólo con los Diablos Danzantes, pero como en esta oportunidad cayó en una fecha próxima al Día de San Juan Bautista que es el 24 de junio, las cofradías de los diablos y de los "Tambores de San Juan" se unieron para festejar de manera conjunta.

"Este encuentro de estas dos tradiciones es fenomenal porque es un evento que nunca he visto en mis más de 50 años que llevo tocando tambor", dijo emocionado Máximo Irriarte, oriundo de Naiguatá, mientras se alistaba su "pipa", que es un tambor artesanal de tamaño mediano que se toca con unos delgados palos llamados "masetas".

Otro de los emblemáticos personajes de la comunidad costera, Pablo Roberto Izaguirre López, de 74 años, también se mostró conmovido por el encuentro de las dos tradiciones.

"Es la primera vez que lo voy a ver. Cada 95 años es que sucede esto. El último que lo vio fue el fallecido Ciriaco Iriarte", quien fue uno de los principales precursores de los "Diablos de Naiguatá" desde 1917.

Izaguirre López, conocido entre los pobladores como "Robin", es actualmente el "Diablo Mayor" de la cofradía de la localidad costera por tener la mayor trayectoria danzado (57 años).

"Hay una argumentación de las creencias, de la fe, y siempre se está buscando mantener la tradición", agregó Izaguirre López, al explicar las razones que han permitido que los "Diablos de Naiguatá" puedan sobrevivir tantos años.

El custodio de la imagen de San Juan Bautista, Félix Orlando Corro, expresó que la tradición de los "Tambores de San Juan" en Naiguatá tiene unos "360 años" de historia y sus orígenes se remontan a los tiempos de la colonia cuando los esclavos africanos salían a celebrar la fiesta religiosa.

"Esta tradición no se va a perder nunca porque vienen muchas semillitas (nuevas generaciones) hacia arriba echándole pierna", afirmó Corro al asegurar que los "Tambores de San Juan" perdurarán por muchos años más.