Ollanta Humala, el ex militar izquierdista que abandonó sus planes de hacer un cambio radical al modelo económico para ganar la presidencia de Perú, enfrenta el desafío de cumplir las ambiciosas promesas de corte populista que hizo a los peruanos sin causar desbalances en las arcas fiscales ni ahuyentar a los preocupados agentes económicos.

Los mercados reaccionaron con intranquilidad el lunes a la victoria de Humala. El índice general de la Bolsa de Valores de Lima (BVL) cayó 8,71% a pocos minutos de la apertura, lo que obligó a suspender por unas horas la venta de accione. Tras la reapertura de las operaciones, el índice alcanzó una caída de 11,9%.

Ex oponentes, empresarios y políticos demandaron al presidente electo dar lo antes posible señales que tranquilicen a los mercados como designar a los miembros de su gabinete de ministros o a quien asumirá la dirección del Banco Central de Reserva (BCR).

Humala no hizo ninguna declaración luego de proclamar su victoria el domingo en la noche y prometer que dará "continuidad al trabajo de consolidar nuestro crecimiento económico".

Al 90,5% de actas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Humala obtenía 51,37% de los votos válidamente emitidos y su rival Keiko Fujimori 48,63%.

Fujimori no ha reconocido aún la victoria de su contrincante.

El economista liberal Kurt Burneo, miembro del equipo económico de Humala, garantizó el lunes que la gestión económica del nuevo gobierno se basará en políticas macroeconómicas prudenciales, en mantener la independencia del BCR y en la disciplina fiscal.

"Descarto totalmente que pueda producirse una farra (derroche) fiscal, descarto totalmente que para financiar el gasto se tenga por ejemplo que reducir los depósitos del sector público que forman parte de las reservas", dijo Burneo en declaraciones a la emisora Radioprogramas.

Humala ha prometido implementar una serie de programas sociales que para muchos tienen tinte populista, como otorgar una pensión de 250 soles mensuales (89 dólares) a todas las personas pobres mayores de 65 años, aumentar el sueldo mínimo de 600 (214 dólares) a 750 soles (267 dólares) e implementar guarderías para niños de madres trabajadoras con alimentación y cobertura de pañales gratuita.

Burneo aclaró que la implementación de esos programas sociales será gradual y "siempre mirando el flujo de ingresos que tenemos".