El Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama) concedió hoy la licencia de instalación para la construcción de la polémica hidroeléctrica de Belo Monte, que será la tercera más grande del mundo e inundará 516 kilómetros cuadrados de selvas en la Amazonía.

"La concesión fue marcada por un robusto análisis técnico y resultó en la incorporación de exigencias que garantizan ganancias sociales y ambientales", informó hoy el Ibama en un comunicado.

La licencia de instalación permite que el consorcio responsable por la construcción, con un costo calculado en 10.600 millones de dólares, inicie las obras en el cauce del río Xingú, en el municipio amazónico de Altamira, perteneciente al estado de Pará.

Se prevé que la planta comience a operar en 2015, con una capacidad para generar 11.233 megavatios, lo que la convertirá en la tercera mayor hidroeléctrica del mundo después de la china de las Tres Gargantas y la paraguayo-brasileña de Itaipú.

La licencia fue concedida aunque el proyecto, que el Gobierno considera prioritario y que se niega a paralizar pese a numerosas protestas, ha sido cuestionado hasta por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA), que llegó a pedir la paralización de las obras hasta que se constate su real impacto ambiental y social.

El Ministerio Público en el estado de Pará también presentó recursos para impedir la represa, un proyecto del Gobierno brasileño desde la década de los setenta.

Grupos de indios y campesinos que viven en la zona han denunciado que las obras desplazarán a unas 50.000 personas que residen actualmente en áreas que serán inundadas y a las que el Gobierno todavía no ha ofrecido alternativas.

Las organizaciones ecologistas, por su parte, alegan que la represa de Belo Monte causará un daño "irreparable" al ecosistema de la región y pondrá en riesgo la subsistencia de la rica fauna del Xingú, uno de los afluentes del río Amazonas.

El consorcio que construirá la hidroeléctrica ya había recibido en enero pasado una licencia para instalar la base de obras, que contará con los alojamientos de los empleados, las oficinas y las bodegas para la maquinaria.

En febrero del año pasado, una licencia previa del Ibama condicionó la construcción a 40 exigencias que los constructores tenían que cumplir antes de iniciar las obras y que fueron verificadas el mes pasado.

El Ibama tendrá que conceder aún la licencia de operación, que está condicionada al cumplimiento de todas las exigencias ambientales incluidas en la autorización anunciada hoy.

La construcción de la represa se le adjudicó en abril del año pasado en una subasta pública al consorcio Norte Energía, liderado por la estatal Companhia Hidroeletrica do Sao Francisco (Chesf) y cuenta con empresas como las constructoras Queiroz Galvao y Andrade Gutierrez.

Entre las condicionantes de la licencia de instalación destaca la garantía de una corriente de agua en el río Xingú que sea suficiente para garantizar la supervivencia de los ecosistemas y de los modos de vida de las poblaciones que viven en la región.

La posibilidad de una sequía en la llamada vuelta grande del río, un trecho del Xingú en forma de semicírculo, es el mayor temor de los grupos de indios, biólogos y ecologistas que critican el proyecto.

Otra exigencia, según el comunicado del Ibama, es la implantación de programas de salud, educación, saneamiento y seguridad pública prometidos por el consorcio en un acuerdo con las alcaldías de la región.

El consorcio también se comprometió a cooperar con el Ibama en proyectos para mejorar la fiscalización ambiental en la región y combatir la tala ilegal y el tráfico de animales silvestres.

Igualmente se comprometió a invertir 100 millones de reales (unos 62,5 millones de dólares) en proyectos de conservación de la cuenca del Xingú como "compensación ambiental".