El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró hoy que El Cairo "tiene dificultades para ejercer su autoridad en el Sinaí" y manifestó su temor ante el futuro de los dos países vecinos con los que Israel ha firmado la paz: Egipto y Jordania.

Netanyahu puso como prueba de esta presunta pérdida de control las dos explosiones cerca de la ciudad de Al Arish, en la península del Sinaí, del principal gasoducto utilizado para exportar gas a otros países de la zona, entre ellos Israel.

En una intervención ante el Comité de Asuntos Exteriores y Defensa del Parlamento israelí, Netanyahu defendió que ha "aumentado" la labor de "agitación" de "organizaciones terroristas mundiales" en el Sinaí, a causa de la conexión fronteriza con Gaza.

También el movimiento islamista Hamás, que gobierna en la franja palestina, "se está fortaleciendo en el Sinaí" porque "los Hermanos Musulmanes son un actor significativo en Egipto" y porque "está trasladando sus actividades más a Egipto que a Siria por las convulsiones que hay allá", según el jefe del Gobierno israelí

"Tememos lo que pasará a nuestro alrededor, especialmente en los frentes pacíficos: Egipto y Jordania", resumió Netanyahu, quien abogó por una "conducta sabia y responsable" frente a la Primavera árabe.

"Nosotros encomiamos la democracia, pero no sabemos si ni cuando la habrá", manifestó el primer ministro.

El dirigente israelí también habló de su reciente viaje a Estados Unidos, en el que -a su juicio- marcó los cuatro "principios básicos que unen a la mayoría de los partidos" del espectro político israelí.

Estos son "el reconocimiento de Israel como el Estado-nación del pueblo judío, la presencia militar a lo largo del río Jordán" en el futuro Estado palestino, que "el problema de los refugiados palestinos no se resolverá en Israel" y que Hamás incumple las condiciones del Cuarteto (la ONU, la UE, EEUU y Rusia): renunciar a la violencia, reconocer a Israel y los acuerdos firmados con este.

Asimismo dio a entender que forzó al presidente estadounidense, Barack Obama, a matizar en un discurso posterior su afirmación de que las fronteras del futuro Estado palestino deberían basarse en las líneas previas a la Guerra de los Seis Días de 1967 (Gaza, Cisjordania y Jerusalén), con intercambios acordados.

"Le dije al presidente que no podemos aceptar las líneas de 1967, a las que aludió en su discurso. En el AIPAC (Comité de Acción Política Americano-Israelí) el presidente dijo que las fronteras no serán las del 67. La versión final del discurso de Obama fue aprobada durante el día antes del discurso. Hay mucho apoyo a Israel en América", declaró.