Osama bin Laden nació en una de las familias más prósperas de Arabia Saudí, pero dejó su hogar en busca de la revolución, tomó el camino del fanatismo, inspiró una organización criminal que aterrorizó a Occidente, y en última instancia se convirtió en el hombre más buscado del planeta.

La cacería humana más intensa de la historia puso fin a la vida de bin Laden, cuyo dinero y rabiosa predicación inspiraron los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, que mataron a casi 3.000 personas en Nueva York, Washington y Pensilvania, y minaron el sentido de seguridad de Estados Unidos en el mundo.

Vilipendiado en Occidente como la personificación del mal, bin Laden fue admirado e incluso venerado por algunos musulmanes que compartieron su visión de una interminable Yihad en contra de Estados Unidos y los gobiernos árabes que él consideró infieles.

Sus acciones desencadenaron una serie de eventos que llevaron a Estados Unidos a declarar guerras contra Afganistán e Irak y una guerra clandestina en contra los simpatizantes del extremismo islámico que trastocó países de todos los continentes salvo la Antártida. El aparato de espionaje de Estados Unidos fue reorganizado para contrarrestar la amenaza terrorista temiendo más ataques en casa.

Al-Qaida, la organización de bin Laden, también fue culpada de los atentados con bomba contra dos embajadas estadounidenses en Africa que mataron a 231 personas y del ataque en el 2000 del destructor Cole de la Armada norteamericana, donde murieron 17 marineros estadounidenses en Yemen, lo mismo que un sinnúmero de planes, algunos exitosos y otros no.

Fue significativa su capacidad — incluso de esconderse — para inspirar a una nueva generación de terroristas para asesinar en su nombre. La mayoría de tenientes de alto rango de al-Qaida murieron o fueron capturados en los años subsecuentes al 11 de septiembre de 2001, y funcionarios de inteligencia en Europa y Asia afirman que ven una mayor amenaza de grupos radicales locales que se han reforzado con la causa de bin Laden.

A medida que pasaba años en la clandestinidad, bin Laden perdió cierta presencia. Las revoluciones y los levantamientos populares en el Medio Oriente y el norte de Africa en meses recientes se inspiraron en gran parte por jóvenes en busca de libertad económica y política, en lugar de la visión radical de bin Laden de un califato islámico regido por la ley Sharia.

Se cree que al-Qaida no proporcionó apoyo logístico o financiero al grupo de musulmanes del norte de Africa que realizó el ataque del 11 de marzo de 2004 en Madrid, que mató a 191 personas, pero ciertamente fue una fuente de inspiración por su sueño de una yihad mundial.

Asimismo, no se ha encontrado ningún vínculo entre al-Qaida y cuatro musulmanes británicos suicidas que detonaron las bombas que mataron a 52 personas en Londres el 7 de julio de 2005, aunque algunos creen que el ataque no se hubiera llevado a cabo si bin Laden no hubiera exaltado los ánimos de jóvenes musulmanes radicales en todo el mundo.

La guerra de Irak — justificada sobre todo por los erróneos informes de inteligencia que sugerían que Saddam Hussein tenía tanto armas de destrucción masiva como vínculos con al-Qaida — se ha convertido en el caldero en el que la siguiente generación mundial de terroristas afinaron sus habilidades.

Al-Qaida aprovechó el caos que hubo en el Irak posterior a Saddam Hussein, lo que ayudó a meter a Estados Unidos en un lodazal que derivó en la muerte de 5.000 soldados estadounidenses y muchos miles de iraquíes.

De hecho, el legado de bin Laden es un mundo que se mantiene al límite.

Términos aterradores como "bomba sucia", "ántrax" y "armas de destrucción masiva" se han convertido en parte del vocabulario global. Otros términos como Guantánamo, Abu Ghraib y "rendición extraordinaria" han alimentado la ira en el mundo musulmán.

Sin embargo, mucho antes de que bin Laden se convirtiera en el hombre más buscado, pocos eran quienes creían que el destino lo llevaría hacia esa dirección.

Bin Laden nació en Arabia Saudí en 1954. Era conocido como el más beato de los 54 hijos de su acaudalado padre. El camino de bin Laden al islam militante empezó cuando era un adolescente en la década de 1970, cuando se sintió atraído por el movimiento fundamentalista que crecía en Arabia Saudí. Era un lector voraz de literatura islámica y escuchaba los sermones semanales en la ciudad santa de La Meca.

Delgado, barbado y con más de 1,80 metros de estatura, bin Laden se unió a los afganos en la guerra contra las tropas soviéticas que invadieron el territorio de Afganistán en la década de 1980 y se ganó una reputación de comandante valiente e ingenioso. El acceso a la considerable fortuna familiar hecha del negocio de la construcción ciertamente ayudó a incrementar su perfil entre los combatientes mujaidines.

En ese entonces, los intereses de bin Laden coincidieron con los de Estados Unidos, que respaldaba con dinero y armas la "guerra santa" en contra de la ocupación soviética.

Cuando bin Laden regresó a casa en Arabia Saudí fue saturado con elogios y donativos, y fue muy solicitado como orador en mezquitas y casas. No pasó mucho tiempo para que sus objetivos se alejaran de los de sus antiguos aliados occidentales.

"Cuando compramos bienes estadounidenses, somos cómplices del asesinato de palestinos", dijo en una de las grabaciones de sus discursos de aquella época.

Un momento seminal en la vida de bin Laden tuvo lugar en 1990, cuando las tropas estadounidenses llegaron a suelo Saudí para expulsar a las fuerzas militares iraquíes de Kuwait.

Bin Laden intentó persuadir al gobierno para que no permitiera a los ejércitos no musulmanes el ingreso a la tierra donde el profeta Mahoma le había dado vida al Islam, pero los líderes saudíes se apoyaron en Estados Unidos para proteger sus vastas reservas petroleras. Cuando bin Laden siguió criticando la alianza cercana entre Riad y Washington, fue despojado de su ciudadanía saudí.

"Vi cambios radicales en su personalidad mientras se transformaba de un hombre pacífico y amable interesado en ayudar a los musulmanes a una persona que creía que sería capaz de reunir y comandar un ejército para liberar Kuwait. Reveló su arrogancia y su altivez", dijo el príncipe Turki, antiguo jefe de inteligencia saudí, durante una entrevista con Arab News y MBC Television a finales de 2001.

"Su comportamiento en aquella época no dejó dudas de que se convertiría en el hombre en que se convirtió", agregó el príncipe.

El príncipe, que dijo haberse reunido con bin Laden varias veces hace ya muchos años en Pakistán y Arabia Saudí, lo describió como un "joven amable, entusiasta, de pocas palabras, que no alzaba la voz mientras hablaba".

Luego de ser desterrado de Arabia Saudí, bin Laden encontró refugio en Sudán. El país africano accedió a una petición estadounidense y ofreció regresar a bin Laden a Arabia en 1996, pero su país natal lo rechazó ante el temor de que un juicio desestabilizara el país.

De vuelta en territorio familiar en Afganistán — recibido por el gobierno de Burhanuddin Rabbani — bin Laden y su red al-Qaida se prepararon para la guerra santa que lo convirtió en el enemigo número uno de Washington.

Cuando el Talibán — que eventualmente lo refugió — tomó el control de Kabul por primera vez en septiembre de 1996, bin Laden y sus seguidores árabes se mantuvieron discretos, con la incertidumbre de ser bienvenidos en el nuevo régimen. El líder Talibán Mullah Mohammed Omar llamó a bin Laden a Kandahar, en el sur, y tras extensas y continuas contribuciones financieras al Talibán, bin Laden se volvió dependiente de la milicia religiosa para su supervivencia.

El primer golpe de Al-Qaida luego del regreso de bin Laden en Afganistán fue el 7 de agosto de 1998, cuando explotaron bombas en las embajadas estadounidenses de Kenia y Tanzania. La mayoría de las víctimas fueron africanas, aunque también murieron 12 estadounidenses.

Días después, bin Laden escapó durante un ataque con misiles en su campo de entrenamiento en Afganistán lanzado por Estados Unidos en venganza.

Desde el 11 de septiembre bin Laden se había mantenido un paso adelante del operativo de captura.

Apenas unas horas después del ataque estadounidense en Afganistán el 7 de octubre de 2001, bin Laden apareció en un vídeo mandado a Al Yazira, el canal de televisión árabe, para amenazar a Estados Unidos.

En 2002, bin Laden amenazó a Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá, Alemania y Australia por su apoyo a Estados Unidos.

Luego de un largo silencio, en 2006 bin Laden incrementó sus mensajes con contenido más político.

Después de todo, bin Laden juró varias veces que estaba dispuesto a morir en su lucha para que los israelitas dejaran Jerusalén y los estadounidenses Arabia Saudí e Irak.

"Estados Unidos no puede atraparme con vida", citaron a bin Laden en una entrevista con un periodista paquistaní poco después de la invasión estadounidense en Afganistán. "Yo puedo ser eliminado, pero no mi misión".