Miles de polacos cubiertos con chubasqueros y paraguas presenciaron hoy la beatificación de su papa, Juan Pablo II, a través de las pantallas gigantes situadas en las principales ciudades de Polonia, donde el pontífice no sólo es símbolo religioso, sino también ejemplo en la lucha por la libertad.

La lluvia y el brusco descenso de las temperaturas, con unos 13 grados en la mayoría de zonas del país frente a los 23 registrados ayer, no impidieron que Polonia se convirtiese en el segundo escenario de la beatificación de Karol Wojtyla, en una jornada de fiesta en la que las banderas polacas y del Vaticano ondearon juntas en las calles y en la mayoría de edificios y balcones.

Varios miles de personas, sobre todo trabajadores y jubilados, se concentraban desde primeras horas de la mañana en una céntrica plaza varsoviana, la misma donde en 1979 un recién elegido Juan Pablo II celebraba su primera homilía en Polonia y pedía a sus compatriotas valor en su camino hacia la democracia.

Hoy sólo quedaba aquel "papamóvil" en el que el Pontífice recorrió las calles de esa Varsovia aún ahogada por el comunismo, aunque Wojtyla seguía presente en los fieles que, protegidos con sus capuchas y bufandas, atendían con paciencia a las pantallas habilitadas.

Con motivo de la beatificación el "papamóvil" volvió otra vez a circular por las calles de Varsovia, ahora una ciudad completamente distinta a la de esa primera visita, donde siete años después del ingreso de Polonia en la Unión Europea (UE) se percibe una mayor secularización de la sociedad.

Aún así la esperada beatificación fue incluso capaz de eclipsar la celebración del día del trabajo, una festividad importante en el país centroeuropeo que, sin embargo, veía hoy como la tradicional manifestación obrera de la capital se suspendía por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial para no restar protagonismo a la subida de Juan Pablo II a los altares.

En Cracovia la asistencia a la retransmisión de la beatificación ha sido mayor, y se estima que unas 100.000 personas han acudido a la misa multitudinaria celebrada en el santuario de la Divina Misericordia, también bajo la lluvia y el viento frío que hoy hicieron olvidar la primavera en el país centroeuropeo.

El santuario guarda un frasco de sangre de Juan Pablo II, que hoy fue colocado en un relicario y mostrado a los fieles, extraído para una transfusión que nunca se realizó.

Wadowice, la localidad natal de Juan Pablo II, también fue otro de los escenarios de la beatificación del papa polaco, con la presencia del primer ministro, el liberal Donald Tusk, quien asistió a la misa y también siguió con atención desde las pantallas gigantes lo que sucedía en el Vaticano.

Para la mayoría de polacos Juan Pablo II es, además de un símbolo religioso y una autoridad moral, un símbolo de la libertad y de la lucha contra el comunismo, inspiración para el movimiento sindicalista Solidaridad, que con Lech Walesa a la cabeza forzó el final de la dictadura comunista en Europa Oriental.

Los cerca de 80.000 polacos que presenciaron en Roma la beatificación demuestran la importancia de Karol Wojtyla en la sociedad de Polonia, donde un 95 % de ciudadanos considera que lo sucedido hoy en la plaza de San Pedro es un capítulo "importante" para la historia polaca, mientras que un 75 % opina que lo es para el mundo entero.

A lo largo del día varias ciudades polacas acogerán conciertos y otros actos en recuerdo de Juan Pablo II.

Nacho Temiño