El consumo de al menos tres tazas de café diarias, con cafeína o descafeinado, podría reducir el riesgo de muerte en un 10 por ciento, según un estudio difundido hoy por el Instituto Nacional de Cáncer (NCI) de Estados Unidos.

El estudio, realizado entre 400.000 hombres y mujeres de 50 a 71 años, encontró que la relación entre el café y la disminución del riesgo de muerte aumentó según la cantidad consumida de café.

Las personas que tomaron café tuvieron una probabilidad menor de morir por enfermedades cardiacas, respiratorias, ataques cerebrales, lesiones y por accidentes, diabetes e infecciones, aunque no se observó la asociación con el cáncer.

No obstante, los investigadores advierten que no pueden estar seguros de si estas asociaciones significan que tomar café realmente hace que la gente viva más tiempo.

Los resultados del estudio, realizado por el doctor Neal Freedman, de la División de Epidemiología y Genética del Cáncer del NCI, se publicarán en el número del 17 de mayo de 2012 del New England Journal of Medicine.

El estudio también incluyó otros factores de riesgo sobre la mortalidad, tales como el tabaquismo y el consumo de alcohol, y concluyó que quienes tomaron tres o más tazas de café al día tuvieron un riesgo de muerte un 10 por ciento menor, que los que no.

"El café es una de las bebidas que más se consumen en Estados Unidos, pero la asociación entre el consumo de café y el riesgo de muerte no ha sido muy clara", indicó Freedman.

Sin embargo, en este estudio "encontramos que el consumo de café está asociado con un riesgo menor de muerte en general, y de muerte debida a varias causas diferentes".

"Aunque no podemos inferir una relación causal entre tomar café y un riesgo menor de muerte", estos resultados "nos proporcionan un poco de seguridad al decir que tomar café no afecta negativamente la salud", aseguró.

Los investigadores advierten que su estudio no refleja patrones de consumo a largo plazo y tampoco tienen información sobre cómo se preparó el café (filtrado, expreso o hervido), algo que consideran que puede afectar por las concentraciones de algunos componentes protectores en el café.

No obstante, Freedman apunta a que sus hallazgos fueron similares en quienes declararon que la mayor parte de su consumo de café fue con cafeína o descafeinado.