Las chicas desplomadas en sillas de ruedas lucen casi inconscientes, con sus rubias cabelleras colgando sobre las bolsas de plástico para vómito atadas como baberos en sus cuellos.

Falta una hora para la medianoche del viernes y ambas chicas, que aparentan una edad no superior a los 18 años, son llevadas en sillas de ruedas desde una ambulancia a una clínica de instalaciones discretas en un oscuro callejón del distrito de entretenimiento londinense de Soho.

Ellas son las primeras de muchas personas que serán recogidas durante la noche por la ambulancia, conocida como un "autobús del trago", y trasladadas a la clínica, ambos servicios prestados por el gobierno para mantener a las personas en estado de ebriedad fuera de problemas y dentro de las salas de emergencia.

De acuerdo con los expertos, los atracones de alcohol han alcanzado niveles de crisis en Gran Bretaña y anualmente cuestan al Servicio Nacional de Salud 2.700 millones de libras (4.400 millones de dólares), incluyendo el costo de hospitalizaciones tras incidentes de violencia avivada por el consumo excesivo de alcohol y de problemas de salud a largo plazo. A diferencia de otras amenazas graves a la salud, las enfermedades hepáticas registran un alza en Gran Bretaña, con un incremento del 25% en la última década y causando un nivel récord de muertes, según las cifras más recientes del gobierno.

En las calles de Soho, la mayoría de las personas está demasiado ocupada bebiendo como para detectar entre los juerguistas a quienes pierden el sentido. Las calles, entre filas de bares y centros nocturnos, están empezando a llenarse de gente: Hombres persiguiéndose unos a otros y gritando como adolescentes; mujeres en faldas cortas y zapatos de tacón alto tambaleándose y desplomándose.

En poco tiempo, las aceras lucen llenas de botellas de cerveza vacías y charcos malolientes.

Los médicos creen que el aumento de los casos de obesidad se combina con el consumo excesivo de alcohol para agravar el repunte de enfermedades hepáticas, que se presentan en personas jóvenes más que nunca.

"Sin duda los médicos atienden a más (pacientes) de entre veintitantos y treintaytantos años, lo que habría sido inusual hace 20 años", dijo Chris Day, un especialista en problemas del hígado en la Universidad de Newcastle.