Más de un tercio de los neoyorquinos ha dejado de fumar desde el lanzamiento hace ahora nueve años de una agresiva campaña para reducir el consumo de tabaco entre la población, anunció hoy el alcalde de la Gran Manzana, Michael Bloomberg.

El número adictos a la nicotina en Nueva York se ha reducido en un 35 % (450.000 personas) desde el año 2002, cuando entró en vigor la primera ley que prohibió el consumo de tabaco en oficinas, bares y restaurantes, y en la actualidad sólo fuma el 14 % de la población, el nivel más bajo en la historia.

"El tabaco es la primera causa de muertes prematuras y evitables en Nueva York y Estados Unidos, y estamos orgullosos de que un número récord de neoyorquinos están salvando sus vidas dejando el cigarrillo", indicó hoy el alcalde, quien destacó que esta tendencia ayudará a prevenir 50.000 muertes prematuras de aquí a 2052.

Por su parte, el responsable del Departamento de Salud de Nueva York, Thomas Farley, destacó los progresos que se están haciendo para luchar contra el responsable del mayor número de muertes en la ciudad, aunque lamentó que este año morirán otros 7.000 neoyorquinos por culpa del tabaco.

Según los datos facilitados por el Ayuntamiento, el número de adolescentes adictos a la nicotina en Nueva York ha caído de forma "dramática" desde 2001 a 2010 en una ciudad en la que sólo fuman el 7 % de los chicos que acuden al instituto, frente al 18 % de nueve años antes.

Después de la primera ley antitabaco aprobada en 2002 por el equipo de Bloomberg, Nueva York amplió en 2009 el veto al cigarrillo en las entradas de hospitales y centros médicos, y el pasado mayo prohibió fumar incluso en parques, playas, paseos, plazas y zonas peatonales.

Las medidas antitabaco de la Administración Bloomberg cuentan con el respaldo mayoritario de los neoyorquinos, aunque algunos colectivos de fumadores, como la asociación Clash, consideran que la legislación es excesiva.

En la actualidad, los únicos lugares de la ciudad en los que está permitido fumar son las aceras, los aparcamientos y las casas particulares, aunque cada vez más propietarios de viviendas se lo prohíben a sus inquilinos.