Nombrar la palabra sida o Virus de inmunodeficiencia Humana (VIH) en Ecuador es aún hoy, cuando se cumplen 30 años del primer caso en el mundo, motivo de rechazo y discriminación social, lo que hace que muchos infectados escondan su realidad a la sociedad y a la familia.

El 5 de junio de 1981 se reconocieron oficialmente los primeros enfermos de sida en EEUU, y tres años después la dolencia apareció en el puerto ecuatoriano de Guayaquil.

Desde el inicio, los afectados se enfrentan a la reticencia, el miedo y hasta una abierta hostilidad de los demás.

Dos de ellos son Julio y Gladys, un matrimonio que vive con el virus desde hace 11 años.

"No sabíamos qué era el sida y cuando lo descubrí me impactó muchísimo, teníamos miedo porque se decía que la gente moría en dos años y nos preocupaban nuestros hijos", dijo a Efe Julio, padre de dos hijos, de 18 y 16 años, que no tienen el virus.

Sólo el mayor sabe que sus padres están enfermos.

Julio indicó que en la clínica a la que acude conoce a más de 200 afectados que tienen pánico a salir en los medios de comunicación.

Incluso miembros de las ONG y asociaciones de seropositivos prefieren llevar a cabo su labor desde el anonimato por miedo a la opinión pública.

El prejuicio y la ignorancia ante el virus perdura debido, en gran medida, a que hasta hace poco no existían programas de educación y prevención.

Y las cifras hablan por sí solas, pues según una encuesta de 2010 el 75 por ciento de los habitantes de Quito no viviría con vecinos contagiados, mientras que de acuerdo con otro sondeo de la Coalición Ecuatoriana de Personas que Viven con VIH/Sida un 88 por ciento de los afectados ha sido insultado o amenazado verbal o físicamente.

De acuerdo con las últimas cifras del Ministerio de Salud Pública, en 2009 se constataron 21.000 casos de personas con VIH-sida (14.000 seropositivos y 7.000 con sida) en Ecuador, y al año mueren unos 700 individuos por esa causa.

No obstante, el número real de afectados ronda los 36.000, según dijo a Efe Luis Morales, antiguo Director del Programa Nacional del Sida.

Es en el campo laboral donde los contagiados padecen un mayor rechazo: un 36 por ciento se encuentran desempleados y de éstos un 41 por ciento alegan que perdieron su trabajo por ser portadores del virus, según el estudio de Coalición Ecuatoriana.

"Nos daba miedo que en la empresa supieran que vivíamos con VIH y nos despidieran. Aunque cuando lo descubrieron, se comunicó a los demás trabajadores para que supieran las medidas a tomar y nos dieron charlas informativas", contó Julio, quien trabaja junto a su mujer en la empresa de rosas Jardines de Cayambe.

Sin embargo, ésta no es la tónica general de muchas compañías y de algunas instituciones, pues a pesar de estar prohibido por ley, se siguen pidiendo exámenes de VIH para conseguir empleo o acceso a los estudios.

En la encuesta de Coalición Ecuatoriana, una de cada dos personas se culpa a sí misma de vivir con VIH, una de cada cinco tiene sentimientos suicidas y una de cada tres siente una baja autoestima.

El Gobierno de Ecuador provee de antirretrovirales a unas 7.000 personas gratuitamente, pero en los últimos meses escasean esos fármacos, por lo que sólo se entrega a los afectados la dosis necesaria para una semana.

"Es un problema no tan sencillo de resolver porque son varios medicamentos de varios proveedores. Desde que se inició la queja el ministerio ha avanzado en la solución de los problemas, pero no lo ha logrado en su totalidad", explicó a Efe el coordinador nacional de Onusida Ecuador, Juan Vásconez.

La Cruz Roja afirma que en Latinoamérica "por cada dos personas que acceden a medicinas, cinco más se infectan", y alerta de una posible pandemia en la región porque el VIH ha salido de los grupos de riesgo como los homosexuales, los trabajadores sexuales y los drogadictos, y afecta a la población en general.