El colombiano Manuel Elkin Patarroyo, creador de la primera vacuna sintética contra la malaria, lamentó hoy "la ausencia" de políticas de Estado para impulsar la ciencia en Latinoamérica, la gran asignatura pendiente, a su juicio, de la región en este ámbito.

"Y eso que llevamos 40 años moviendo la ciencia en Colombia. ¡40 años! Esto lo comencé yo muy temprano, movilizando el país entero: 'Hombre mire, la ciencia es útil, es productiva, no es una cuestión de loquitos. Esto es algo que realmente cuenta para la humanidad, para el país, para las personas'", enfatizó.

"Yo no digo que sea indiferencia, yo diría que es ausencia de política de Estado para impulsar la ciencia, que es lo que ha sido más difícil", dijo el investigador en una entrevista con Efe en Madrid, antes de impartir una conferencia en la Casa de América.

Una situación que el Premio Príncipe de Asturias de la Ciencia en 1994 contrastó con la que encuentra en España, que "se involucró en el proceso de desarrollo de una masa crítica de científicos y creó una serie de instituciones e institutos de investigación".

"Y hoy en día no es extraño encontrar, casi a diario, publicaciones científicas de altísimo nivel escritas por los españoles", en prestigiosas revistas como Nature o Science, añadió Patarroyo, que recibirá mañana el premio Príncipe de Viana de la Solidaridad en Navarra (norte español).

"En Latinoamérica, así, que descuellen, hay dos países, que son México y Brasil, y ya", dijo Patarroyo, que acaba de presentar su hallazgo de los principios químicos a partir de los cuales poder crear vacunas sintéticas contra la práctica totalidad de las 517 enfermedades infecciosas conocidas.

El descubrimiento, "resultado de 33 años de trabajo", son "unas reglas de juego definidas" que servirán para prevenir enfermedades, entre ellas la malaria, la tuberculosis, la hepatitis y el dengue, que causan millones de muertes en el mundo.

"Nosotros postulamos hace 33 años que las vacunas se podían hacer químicamente y lo hicimos con la primera vacuna, que es la célebre SPF-66 o la vacuna colombiana contra la malaria", capaz de proteger hasta al 40 por ciento de las personas vacunadas con ella.

El científico trabaja ahora en la segunda generación de esta vacuna, la denominada "Colfavac", que aspiran a empezar a probar en junio de 2012 en humanos tras obtener "algo más de un 90 por ciento" de protección en monos, el "mismo resultado" que, está convencido, darán esos ensayos.

"Nosotros no estamos saltando del ratón o del conejo al humano. Estamos saltando de un único animal, que tiene un sistema de defensas prácticamente idéntico al humano, al humano", explicó.

El científico no va a ceder su nueva vacuna de la malaria a la Organización Mundial de la Salud (OMS), como hiciera con la primera, "porque la OMS la archivó, simple y llanamente".

"Fue un gesto del cual me enorgullezco, mucho, por la sencilla circunstancia de que yo creo que es lo que hay que hacer, en el sentido de que éstas son soluciones de vida. Esto no es un negocio y no tiene por qué ser un negocio. Si se encuentra una solución, tú tienes que entregársela a quien le pertenece, que es la humanidad", dijo.

Explicó que cuenta con el apoyo de un grupo de gente que "está queriendo que se cree un consorcio donde se pueda producir la vacuna y se entregue gratis a la humanidad o al coste".

Los ensayos de la nueva vacuna llevarán "dos-tres años", "ponle cinco", lo que les dará tiempo para trabajar en otras vacunas, dijo.

"Ya estamos trabajando durísimo en tuberculosis. Vamos como una moto. Es la siguiente", señaló Patarroyo, quien, pese a los logros alcanzados, destacó que "queda mucho" por hacer hasta que "se logre vacunar a la gente".

"Ha pasado la generación mía, la generación del hijo y hasta la de la nieta", dijo el científico que aseguró que su fórmula para poder abarcar todo lo que hace es dormir "muy poco": "Vivir dos días en un solo día. Ése es el truco, así de sencillo".

Por Emilia Pérez.