Mientras supervisa a decenas de niños entrenar en un parque de pelota en la barriada La Pedrera, uno de los tíos de Miguel Cabrera contempla el contrato que su sobrino acaba de firmar con los Tigres de Detroit por 292 millones de dólares, el pacto más lucrativo en la historia de cualquier deporte en Estados Unidos.

Aquel niño que aprendió a jugar al béisbol en este mismo terreno, ahora remodelado gracias a su aportación económica, es ahora el deportista mejor pagado en la historia del béisbol. Y para su tío José Torres, no es ninguna sorpresa.

"Eso se veía venir por el trabajo que ha hecho Miguel", comentó Torres, quien tomó las riendas de esta academia de béisbol después de la muerte de su hermano David, el primer mentor de Cabrera cuando el ahora superestrella de Grandes Ligas tenía cuatro años. "Saben que es un hombre que está destinado al Salón de la Fama".

"Siempre pensamos que Miguel iba a ser una estrella, para nosotros no es una sorpresa", agregó Torres, a sus 68 años el mayor de los siete hermanos de Gregoria, la madre de Cabrera. "Desde niño, y luego cuando debutó a muy corta edad (20 años) en Grandes Ligas, en el juego se veía como que era un jugador con mucha experiencia".

Más allá de su fama y fortuna, "Miguelito", como muchos todavía lo llaman en el barrio que lo vio nacer, es el niño mimado de La Pedrera, un sector de clase obrera en Maracay, una ciudad ubicada a unos 105 kilómetros al oeste de Caracas.

Los padres de Cabrera se mudaron a un sector más pudiente de la ciudad cuando el pelotero, con apenas 16 años, recibió una bonificación de 1,8 millones de los Marlins en 1999. Sin embargo, el resto de la familia — tíos, primos y otros allegados — todavía vive en el barrio de calles angostas y fachadas descoloridas y carcomidas por el sol, ubicado al pie de una montaña.

Y cada vez que puede durante sus vacaciones de Grandes Ligas, Cabrera visita a sus familiares y amigos de la infancia.

Sus antiguos vecinos lo consideran una figura inspiradora, un modelo a seguir para la juventud de un país que atraviesa momentos de crisis económica y social, con una de las más altas tasas de criminalidad en el mundo.

"Es como un ángel para los niños. Cada vez que llega al barrio, lo recibimos como un hermano, con alegría", comentó Frederick Guevara, un vecino de 37 años que colabora en el estadio del sector y que funge como vigilante de los automóviles que estacionan los días de partidos. "Cambió (arregló) el estadio, ha hecho cosas que otras personas no hicieron, ni el alcalde ni el gobierno por los niños del barrio. Le agradecemos mucho su apoyo".

"Muchos han querido cambiar, ven en él un ejemplo que nos trasmite a nosotros las ganas de superarnos", expresó.

Bertha Torres, tía materna de Cabrera, relató que el pelotero es escoltado por policías y guardias de seguridad privada cuando visita el barrio, pero más allá de esa protección, la familia no toma otras medidas para protegerse a pesar que algunos jugadores de las mayores y sus familias han sido blancos de secuestradores.

En uno de los casos más sonados, el catcher de los Nacionales de Washington, Wilson Ramos, fue secuestrado frente a la casa de su familia en un barrio popular de la cercana ciudad de Valencia después de la temporada de las mayores de 2011. Ramos fue rescatado dos días después.

"Miguel viene aquí de un tiempo para acá con escolta por orden del gobernador, luego del secuestro de algunos familiares y un pelotero (Ramos). Los escoltas se quedan afuera y es una de las pocas veces que cerramos el portón", relató Bertha Torres. "Aquí hay mucha gente buena".

Los tíos de Cabrera viven en un cinco casas agrupadas alrededor de un patio común, en una especie de barrio dentro del barrio de La Pedrera.

Y en las calles aledañas, el tema obligado de conversación era el contrato por 10 años que convirtió a Cabrera en el atleta con el contrato más grande en Estados Unidos. El toletero ha ganado los dos últimos premios al Jugador Más Valioso de la Liga Americana, conquistó la Triple Corona en 2012, y las cifras en su carrera (.320 de promedio, 365 jonrones y 1.260 remolcadas) ya lo colocan en compañía de leyendas como Babe Ruth y Ted Williams.

"De sólo pensarlo me da escalofrío. Eso es mucho dinero", consideró Jesús Alberto Villa, vecino de La Pedrera de 27 años.

El salario mínimo mensual en Venezuela es de unos 519 dólares mensuales a la tasa oficial de cambio, por lo que un venezolano con salario mínimo necesitaría 46.885 años para acumular los 292 millones del contrato de Cabrera.

"Si le dieron más de 200 (millones) a (Robinson) Canó, no sería justo que le dieran menos a Miguel", consideró Tyrone Astudillo, hijo del propietario de un bar cercano a la casa de la familia materna de Cabrera y, como la mayoría de los venezolanos, un apasionado del béisbol. Canó firmó hace poco con los Marineros de Seattle por 10 años y 240 millones.

Cabrera prácticamente nació con un bate en la mano, producto de una familia amante del deporte nacional. Su tío José jugó con los Tigres de Aragua en la pelota invernal y en las menores de los Reales de Kansas City, y su madre Gregoria integró la selección venezolana de sóftbol durante 12 años.

La familia también aplaude que Cabrera superó su problema con el alcohol, que le provocó un par de encontronazos con las autoridades en Estados Unidos.

"El ha borrado de su vida esos actos que podrían llevarlo a un fracaso. Para Miguel sólo hay dos cosas: su familia y el béisbol", afirmó su tío José. "Para nosotros es un orgullo tener alguien como él en la familia y el barrio. Miguel es el niño mimado y el orgullo de todo el barrio, del estado y toda Venezuela".