A Silka Erez le habían dicho que era una tierra maldita. Pero cuando viajó a España por primera vez sintió el cosquilleo de quien vuelve a casa después mucho tiempo.

Por fin, las canciones de cuna que cantaba su abuela tenían sentido. Eran las mismas canciones que a la abuela le enseñó su bisabuela y antes, su tatarabuela. Una tradición familiar oral que sobrevivió de generación en generación durante más de 500 años.

Erez no nació en España, sino en Israel. Pero el origen de su familia materna es sefardí. Son descendientes de los judíos que fueron perseguidos, quemados en la hoguera y finalmente expulsados de España hace cinco siglos.

Y que hoy, muchas vidas después, pueden regresar a casa.

"Si uno tiene dos corazones, yo lo tengo partido", dijo Erez. "He nacido en Israel, pero siento mucho a España. He sentido esta tierra caminando sobre ella".

España ya tenía vías para facilitar la ciudadanía a los sefardíes. El proceso exige papeleo que acredite su origen. Pero la gran novedad del proyecto anunciado por el gobierno hace unos días es que los beneficiados tendrán la nacionalidad automáticamente y no deberán renunciar a su otro pasaporte sea cual sea su actual país de origen. Hasta ahora, la legislación española reservaba la doble nacionalidad a ciudadanos latinoamericanos y de otras excolonias como Filipinas.

Preguntado si la ley era una manera de pedir perdón, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, respondió claramente: "Sin duda ninguna".

"La ley lo que viene a hacer con cinco siglos de distancia es reparar un terrible error histórico, uno de los graves que hemos cometido los españoles", dijo en una entrevista a The Associated Press. "Igual que el hijo de un ciudadano español tiene derecho desde el momento de su nacimiento a tener la nacionalidad española, lo que hace la ley es darle a los judíos sefardíes ese derecho, porque los considera hijos de España", añadió.

La medida ha despertado un enorme interés. En Israel, donde residen actualmente la mayor parte de los sefardíes, centenares de llamadas y correos electrónicos demandando información han inundado la embajada española en apenas unos días. Malcolm Hoenlein, uno de los máximos dirigentes de las comunidades judías de Estados Unidos, celebró la decisión del gobierno.

"Lo que España está diciendo al mundo es que no se puede cambiar la historia, pero sí se puede tener este gesto", dijo Hoenlein, quien se encuentra de visita en Madrid.

Sergio Della Pergola, demógrafo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, dijo que hasta 2,5 millones de personas en Israel podrían tener raíces sefardíes. Pero las migraciones y la mezcla entre grupos dificultan la fiabilidad del dato. Algunas estimaciones sostienen que entre un tercio y un quinto de los 13 millones de judíos del mundo descienden de la rama sefardí. Otra cosa muy diferente es que cuenten con elementos de prueba para documentarlo.

Nadie en España se atreve a dar un número. Han pasado 522 años.

En pleno apogeo de la Inquisición, el Decreto de la Alhambra o Edicto de Granada, promulgado por los Reyes Católicos Isabel y Fernando, forzó la expulsión de todos los judíos que no se convirtieran al catolicismo. La palabra sefardí proviene del hebreo y significa literalmente "español. Son descendientes de aquellas centenares de miles de familias que dejaron España en 1492, el mismo año en que se inició la conquista de América.

"En 1492 se lanzan dos flechas de expansión del español: una hacia Occidente, hacia América. Y otra hacia Oriente con los sefardíes", explicó Elena Romero, profesora de Estudios Sefardíes del Centro Superior de Investigaciones Científicas de España, que ha publicado 21 libros y decenas de artículos sobre el legado de esta comunidad.

Después de España, los sefardíes se establecieron en la actual Grecia, Turquía, los Balcanes, el norte de Africa y algunas ciudades de Europa. Con el tiempo también llegaron a Latinoamérica. Durante siglos, conservaron determinadas costumbres gastronómicas, una extensa tradición oral de romances populares españoles y el idioma judeo-español o ladino, un castellano antiguo evolucionado con el que todavía hoy se pueden comunicar perfectamente con cualquier hispanohablante del mundo.

Erez, de 65 años, tiene libros de relatos populares en ladino, canciones, expresiones populares y, sobre todo, el recuerdo de su abuela, que la llamaba cariñosamente "luz del día".

"Cuando llegué aquí, todas las personas mayores me recordaban a mi abuela: los mismos gestos, el mismo peinado", recordó. "Lo único que me decían es que hablaba un español raro".

Según Romero, las tradiciones no se mantuvieron por apego sentimental a España, que les había echado, sino porque era su cultura. Las sucesivas migraciones, mestizajes y el drama del Holocausto diluyeron esa identidad.

"Hay muchos tópicos exagerados sobre los sefardíes, como por ejemplo que guardaban las llaves de sus casas en España de generación en generación", dijo Romero. "La verdad es que en estos momentos encontrar un 'sefardófono' activo con menos de 50 años, es muy complicado".

Para Shmuel Refael, de la Universidad Bar Ilan en Israel, solo entre 250.000 y 300.000 personas tienen un conocimiento fluido de ladino.

Todos estos elementos de vinculación con España serán importantes.

Las personas que soliciten la nacionalidad deberán acreditar su origen sefardí. Esa condición podrá ser certificada por la autoridad rabínica competente en cualquier país y la Federación de Comunidades Judías de España. La letra pequeña del proceso no se conocerá hasta la ratificación de la ley en el Parlamento, donde el gobernante Partido Popular dispone de mayoría absoluta.

Ruiz-Gallardón precisó que cuantas más pruebas documentales se aporten más rápido será el procedimiento. Los certificados deberán incluir información sobre el nacimiento, los apellidos o el conocimiento de la lengua judeo-española. Pero en cualquier caso, según el ministro, la palabra tanto de la autoridad rabínica como de la federación acreditando ese origen será suficiente.

No se espera un aluvión de solicitudes, según los expertos. Y menos en un contexto de fuerte crisis económica y desempleo. Algunas tendrán razones históricas. Otras mirarán la simple practicidad de poseer un pasaporte de la Unión Europea. Cuando en 2012, el gobierno abrió un proceso similar, en el que el sefardí estaba obligado a renunciar a su anterior nacionalidad, se tramitaron 3.000 expedientes.

Una de esas solicitudes pendientes de resolución es la de Erez, quien aportó un certificado de la sinagoga de Madrid y asegura estar feliz de poder conservar su pasaporte israelí con la nueva ley. Ella reside en España. Al igual que su hija, su yerno y dos de sus nietos.

Otros países en Europa también han aprobado medidas similares. Alemania, por ejemplo, ofrece la ciudadanía a los descendientes de judíos forzados a huir de los nazis.

La primera vez que España impulsó una ley para restituir la nacionalidad española de los sefardíes fue bajo el gobierno de Miguel Primo de Rivera en 1924. Ese decreto fue utilizado posteriormente por algunos diplomáticos españoles para salvar a centenares de familias judías del exterminio nazi.

Uno de aquellos diplomáticos fue José Rojas Moreno, bisabuelo del actual ministro de Justicia. Durante su etapa como embajador en Rumanía (1941-1943), Rojas Moreno contribuyó a evacuar a 65 judíos a España gracias a su origen sefardí, según la Fundación Raoul Wallenberg, dedicada a la memoria del Holocausto.

Desde entonces se ha reconocido el pasado sefardí para obtener la nacionalidad española, pero nunca automáticamente. Hasta ahora.

"Anteriormente, los ciudadanos (sefardíes) podían solicitar la nacionalidad, pero era el gobierno quien la concedía discrecionalmente", relató Ruiz-Gallardón. "El cambio ahora es sustancial, porque lo que estamos dando es un derecho y las autoridades españoles quedan obligadas a conceder esa nacionalidad".

La comunidad judía en España es muy pequeña. Apenas 100.000 personas, de las que menos de la mitad son sefardíes, sobre una población total de 47 millones.

Mauricio Toledano, secretario general de la Federación de Comunidades Judías de España, también considera que la reforma del gobierno apenas cambiará las cosas. Toledano, judío sefardí cuya familia llegó a España en 1959, cree que la comunidad no crecerá demasiado en número y que las relaciones con la sociedad civil en general seguirán siendo buenas.

"Para nosotros ha sido un gesto cargado de emotividad", explicó Toledano. "No se trataba tanto de pedir perdón, sino de restablecer una situación que era anómala".

El yerno de Erez se llama Frederic Ankaoua y también es sefardí. Su antepasado más lejano fue un rabino y médico que consiguió huir de Toledo, donde residía una de las comunidades sefardíes más florecientes de España, en las matanzas de judíos que asolaron el país en 1391.

Durante siglos, su familia prosperó en Argelia. Y después en Francia. El trabajo le llevó a España hace 12 años, donde nació su hijo pequeño Gael.

"Mi hijo nació 613 años después que este antepasado tuvo que escapar de la Inquisición", dijo Ankaoua. "Y este número es muy importante en el judaísmo: 613 es el número de mandamientos que hay en la Tora".

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Los periodistas de AP en Jerusalén Aron Heller, Daniel Estrin y Tia Goldenberg contribuyeron a esta nota.