El teniente Agustín Santos Vinda, muerto el pasado jueves cuando se accidentó el helicóptero en el que viajaba durante un operativo antidrogas, fue sepultado hoy con honores de Estado en su natal región de Chiriquí, oeste de Panamá.

Vinda, de 44 años de edad y mecánico de helicópteros del Grupo Aéreo en la Base Capitán Juan Delgado, tenía 20 años de servicios y 8 meses continuos en el Servicio Nacional Aeronaval (SENAN) de Panamá, informó el organismo de seguridad en un comunicado.

Los restos del oficial fueron sepultados en el Cementerio de Gariché, en Bugaba, Chiriquí, y en una ceremonia religiosa previa a su madre, Benita Vinda, "le fue entregada la medalla de condecoración y la resolución de ascenso póstumo a capitán por ofrendar su vida en cumplimiento del deber", indicó el SENAN.

Vinda fue el único fallecido durante el siniestro del helicóptero Bell 412 con matrícula AN-137, registrado en el área de Mamsuggun de la comarca indígena Guna Yala, en la costa del Caribe panameño y fronteriza con Colombia.

En la aeronave viajaban otros ocho funcionarios del SENAN, siete de los cuales resultaron heridos, entre ellos el director de ese organismo de seguridad, el comisionado Belsio González.

"La muerte ocurrió cuando la aeronave de patrullaje marítimo se precipitó al tratar de darle alcance a una lancha sospechosa, en una operación de interdicción de sustancias ilícitas. El helicóptero se accidentó durante el desarrollo de la operación", reiteró el comunicado del SENAN difundido este martes.

La semana pasada el presidente panameño, Ricardo Martinelli, aseveró que al helicóptero "no le dispararon" sino que se desplomó por "accidente" durante la persecución de una lancha con drogas, que finalmente fue interceptada y en ella se hallaron "seis sacos presumiblemente de cocaína", aunque no hubo detenciones.

Panamá decomisó en 2013 más de 40 toneladas de drogas, en su mayoría cocaína, según dijo a finales de diciembre pasado a Acan-Efe el fiscal antidrogas panameño, Javier Caraballo.

Panamá es la puerta de entrada a Centroamérica, un territorio azotado por los grupos internacionales que trasiegan drogas desde Suramérica hasta Estados Unidos, el mayor consumidor del mundo, dejando a su paso una estela de muerte que afecta especialmente a Honduras, Guatemala y El Salvador. ACAN-EFE