Estos son los jugadores de que niños soñaban con anotar el touchdown de la victoria, realizar la jugada determinante en la defensa, que contribuían a que un equipo ganara el Super Bowl.

No todos llegan a la NFL y no todos lo que logran tienen la oportunidad de actuar en el día cumbre del fútbol americano.

Por lo menos una docena de los protagonistas que intervendrán el domingo en el choque entre los Broncos de Denver y los Seahawks de Seattle debieron dar muchas vueltas para poder jugar por el campeonato.

El cornerback de los Broncos Champ Bailey lo refleja mejor que nadie. Esperó 15 años.

También se encuentran el último jugador de la desaparecida XFL que sigue activo en la NFL, un par de Chargers que estuvieron a un suspiro, un canadiense cuyo equipo sucumbió en la final de la Conferencia Nacional hace un par de años y otros exiliados en equipos mediocres.

Bailey reflexionó sobre su primer Super Bowl: "Las cosas toman su tiempo y finalmente pude encontrar el grupo ideal de compañeros. He jugado con gente talentosa, pero este es, sin duda alguna, el mejor equipo en el que he estado".

Alcanzar el Super Bowl no es fácil. La trayectoria promedio de un jugador en la liga es de menos de cuatro años y apenas 106 de un total cercano a los 1.700 llega al partido.

Jeremy Mincey, defensive end de Denver, hizo penitencia con muchos equipos mediocres en Jacksonville y estaba al final de otra temporada sin rumbo cuando los Jaguars le dieron de baja en diciembre por ausentarse de una reunión. Los Broncos se apuraron en contratarle.

"Para esto es lo que uno juega", declaró Mincey, veterano de seis campañas, que se perdió una completa por una lesión en el dedo pulgar y pasó otra como integrante del equipo de práctica. "Muchos de nosotros debemos pasar por muchas cosas en esta liga, especialmente gente como yo y Mike Adams, quien ha formado parte de tantos equipos distintos, en situaciones distintas. Es una sensación bonita poder tener esta oportunidad y que todo ha fructificado".

Adams, un safety de los Broncos en su décima temporada, es oriundo de Paterson, una ciudad cercana al estadio MetLife. Está tan entusiasmado de estar en un Super Bowl que prometió caminar los casi 20 kilómetros de distancia (12 millas) de vuelta a su casa.

Paul McQuistan, un escolta de Seattle, pasó por Oakland y Cleveland antes de fichar con los Seahawks. Como todo el mundo, deseaba estar un Super Bowl, pero no perdía el sueño por ello.

"Estar aquí es la guinda en el pastel. Todo niño sueña con esto y jugar en el gran partido. Es una enorme oportunidad, pero no iba a desvalorar mi carrera sin un Super Bowl".

Jon Ryan, a cargo de los despejes de Seattle, era integrante de los Packers de Green Bay en la temporada de 2007, en la que perdieron ante los Giants en un tiempo extra por el título de la conferencia.

"Eso te rompe el corazón y luego firmé con Seattle, teniendo unos cuantos años malos, de cuatro o cinco victorias", dijo el canadiense. "Después de ocho años, finalmente tengo la oportunidad de disputar el partido. Es lo que sueña cada niño. Estas en el patio de tu casa, pensando que serás (John) Elway o (Joe) Montana tirando un pase a (Jerry) Rice".

El linebacker de Denver Paris Lenon tuvo que dar los mayores vericuetos. Fue empleado del servicio postal tras graduarse de la universidad, jugó en la XFL y luego con el equipo de Amsterdam en la liga europea de la NFL.

"Ha sido un camino sinuoso, pero muy grato", dijo Lenon.