Casi siete semanas después de haber firmado un histórico acuerdo nuclear, Irán y seis potencias mundiales esperan coincidir esta semana en torno a su implementación, pero las diferencias por el impulso de Teherán para mejorar sus capacidades de enriquecimiento de uranio podrían demorar su puesta en práctica y fortalecer a los detractores.

Ambas partes dicen que es posible llegar a un nuevo acuerdo en una reunión de dos días en Ginebra que empieza el jueves en la tarde... aunque hay ciertas salvedades.

Maja Kocijanic, portavoz de la Unión Europea, dijo que "aún falta resolver algunos problemas" durante las conversaciones, declaración respaldada por la vocera de la cancillería iraní Marzie Afkham.

La reunión será sostenida formalmente por el vicecanciller iraní Abbas Araghchi y la negociadora de la UE Helga Schmid en nombre de las seis potencias mundiales.

Pero el Departamento de Estado norteamericano ha anunciado que su negociadora Wendy Sherman también asistirá, un indicio de que Washington quiere estar presente si ambas partes superan sus diferencias y anuncian un acuerdo el viernes.

Al preguntársele si Estados Unidos cree que se logrará un trato, Jen Psaki, portavoz del Departamento de Estado, dijo el miércoles que "sólo quedan unos pocos problemas, así que estamos trabajando para eso".

Psaki no dio detalles sobre la naturaleza de los puntos en desacuerdo, ya que las negociaciones son confidenciales.

Sin embargo, dos funcionarios dijeron a The Associated Press que Irán acude a las conversaciones con exigencias para que, de las limitaciones generales al enriquecimiento de uranio que le fueron impuestas, sean exentadas unas instalaciones utilizadas para la investigación y desarrollo de dicho enriquecimiento. Eso es algo a lo que se oponen las seis potencias que firmaron el acuerdo con Teherán el 24 de noviembre.

Según su grado de enriquecimiento, el uranio puede utilizarse como combustible de reactores o — a niveles por encima del 90% — para el núcleo fisible de una ojiva nuclear. Irán insiste en que no tiene interés en producir armas atómicas, sólo electricidad, pero Estados Unidos y sus aliados se muestran escépticos.

Bajo el acuerdo de noviembre, las autoridades iraníes accedieron a limitar su enriquecimiento al 5%, el nivel que suele usarse para impulsar reactores. Teherán también se comprometió a dejar de producirlo al 20%, que sólo requiere un paso más para fabricar armas, y a neutralizar el que ya tenía.

Al mismo tiempo, el acuerdo le permite al gobierno iraní seguir con su investigación y desarrollo vinculados con el enriquecimiento, un resquicio que según los dos funcionarios es interpretado por Irán como un permiso para seguir produciendo uranio al 20% en sus instalaciones en Natanz, al sur de Teherán.

Ambos funcionarios representan a países que forman parte de la Agencia Internacional de Energía Atómica, la cual monitorea las actividades atómicas de Teherán. Hablaron a condición de guardar el anonimato porque carecen de autorización para revelar lo que se dice en las reuniones a puerta cerrada.

Los representantes de las seis potencias — Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia y Alemania — argumentan que el acuerdo preliminar alcanzado en Ginebra prohíbe todo el enriquecimiento por arriba del 5%, incluso con fines de investigación y desarrollo.

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Los periodistas de The Associated Press Deb Riechmann en Washington y Lynn Berry en Moscú contribuyeron con este despacho.