Por favor, no te cases, espera". Es escuchar esa frase de "L'Elisir d'amore" y al barítono Erwin Schrott, que esta noche debuta en el papel de Dulcamara en el Real, se le parte el corazón, como se le encoge cuando ve a los españoles, sus compatriotas, "apechugando" con "la cosa", es decir, la crisis.

"He notado en su mirada que el duende de los españoles está escondido. Es como si llevaran una valija de cien kilos y, encima, tuvieran que estar saltando", subraya en una entrevista con Efe Schrott, un uruguayo al que, por "recomendación" de Plácido Domingo, el Gobierno concedió también la nacionalidad española en 2010.

Aunque esté, bromea, "terminantemente prohibido hablar de 'la cosa'", asegura que la crisis forma parte de su vida porque él nació "en un país en crisis" aunque se deshace en elogios para el presidente actual de Uruguay, José Mujica.

"Está haciendo cosas como legalizar la marihuana, sí, pero también otras como devolver el 70 % de su salario, vivir modestamente en su chacrita o no tener avión privado. Eso es un presidente. Está tratando de ayudar a la gente más necesitada", afirma esta mezcla de alemán por parte de padre y español por parte de madre que ha vivido los últimos años en Austria.

Ahora, anuncia, está buscando casa en Madrid, porque aunque su hogar son "casi" sus dos maletas, le apetece mucho tener en la capital de España un lugar "en el que poder dejar el equipaje" y, además, se ríe, que le encanta su metro, "el más limpio, seguro y efectivo" de todos los que conoce.

Erwin Esteban Schrott Baladón está "felicísimo", pues, de estar "por fin" en Madrid y cantar en el Real la producción que ya estrenó en 2011 en el Palau de les Arts de Valencia: "es algo que esperaba desde hace mucho, mucho, tiempo".

La idea del director de escena Damiano Michieletto es que la trama de esta popular ópera de Donizzetti, la de la famosísima aria "Una furtiva lágrima", transcurre en una playa, con chiringuito "pescaíto", botellón y despedidas de soltero.

Él es Dulcamara, un "dealer" -"camello"- polifacético e hiperactivo, que pareciera que "expende" "redbull" para afrontar las vicisitudes de la vida y que, en realidad, es "polvo blanco".

"Es un servidor puro y honesto porque no engaña a nadie. Es un personaje entrañable, un charlatán con su propia moral, ni amoral ni inmoral. No se siente en absoluto culpable", detalla Schrott.

Además, dice, tiene un lado muy humano, el que se revela en su relación con Nemorino, y que le pone "la carne de gallina" cuando le escucha decir "infeliz" y describir cómo ama a Adina.

"Es el fragmento que más me gusta y cuando le dice 'por favor, no te cases, espera' simplemente se me parte el corazón", asegura llevándose la mano al pecho.

A punto de cumplir los 41 -el 21 de diciembre- recuerda nostálgico que cuando tenía 23 y acababa de ganar el concurso de Plácido Domingo, Operalia, el español le ofreció cantar "L'Elisir d'amore" en Washington.

"Ya me iba y me preguntó que si me sabía el papel de Dulcamara y yo le dije que sí, que de memoria", pero era mentira. Se lo aprendió en las tres horas y media que duraba su viaje en tren.

Tiene contratos firmados hasta 2017 y ahora está empezando a cambiar de repertorio porque su voz ha "encontrado" a Verdi y viceversa, porque su experiencia en Londres, a las órdenes de Antonio Pappano, con "Las vísperas sicilianas" ha sido, simplemente, "fabulosa".

"Estoy dejando a los 'donjuanes' y los 'leporellos' para centrarme en Don Carlo y Simon Boccanegra y preparándome para Wagner. Busco mantener una línea natural, bonita, que salga sin esfuerzo y eso requiere mucha preparación".

Para eso, añade, necesita, además de madurez, estar "muy tranquilo": "es como si una parte de mí hubiera estado durmiendo 40 años. Me espera aún lo mejor en la vida, estoy seguro".