La mayoría de los actores que planean interpretar a Macbeth rehúyen de inmediato de ver a otros en el emblemático papel. Ethan Hawke no es como la mayoría.

"Decidí verlos a todos", dice el actor.

Hawke vio a Nicol Williamson encarnando al malhadado noble escocés. Vio a Sean Connery en el rol. A Sir Ian McKellen. Vio la adaptación cinematográfica de Roman Polanski de 1971. Hasta una versión animada vio.

"Todo el verano esto es lo que hice", explica. "Pensé que si tenía una (actuación particular) en la cabeza la imitaría. Así que me inundé. No puedo siquiera recordar lo que hizo cada quien".

Es una anécdota que contar, y no sólo sobre su investigación. Hasta el reto de interpretar a Macbeth en Broadway suena un poco loco para este apuesto astro postulado en dos ocasiones al Oscar.

Pero Hawke, frente a un plato de sopa y una taza de té en un café del Lincoln Center, se encoge de hombros. Mucha gente le dijo que no hiciera Hamlet en un filme del 2000 y sobrevivió. ¿Por qué no al menos probar Macbeth? ¿Por qué no acoger algo arriesgado?

"He estado aprendiendo de pie frente a la gente desde que tengo 18 años", dice. "Descubrí temprano que si le temía al fracaso, no iba a aprender nada de nada".

Así que Hawke, de modo típico, se lanzó al agua — hasta su esposa le preguntó escéptica, "¿Estás seguro?" — y fue a trabajar. "Uno no puede fingir 25 años en la Royal Shakespeare Company. Y yo no los tengo. Podré tener otra cosa pero no eso. Pero eso no significa que no deba darme a mí mismo la oportunidad de probar".

Y sí que lo hizo. Hawke encabezó un reparto que incluye a Anne-Marie Duff como Lady Macbeth, Brian d'Arcy James como Banquo y Richard Easton como Duncan en una reposición en el Teatro Vivian Beaumont bajo la dirección de Jack O'Brien.

La puesta ha sido elegantemente montada con trajes de época y toques visuales impresionantes y un espectacular elenco de hombres en el papel de las Tres Brujas que tientan a Macbeth. En el centro está Hawke, quien da vida a un Macbeth cohibido, cada vez más impasible y desorientado.

"Intenté hacerlo lo más personal posible. Eso es lo que siempre trato con todo. Tratar de hacer que esos demonios sean — esas brujas — lo más real posible", dice. "Esta obra es una gran meditación sobre un ego desenfrenado".

Los críticos han sido en su mayoría antipáticos. El USA Today dijo que Hawke "carece de ciertas necesidades fundamentales" y el New York Times que el actor "presenta la poesía de Shakespeare como un adolescente malhumorado que inhala pegameno recitando para sí mismo a Leonard Cohen".

Hawke, quien también tuvo un papel en "Enrique IV" en el mismo teatro en el 2003, admite que le preocupaba la reacción de la crítica. "Me preocupa inmensamente. Pero no la controlo y tengo que tomármelo muy zen", dice. "No puedo permitir que alguien que escribe sobre teatro decida por mí si conviene hacer esto o no".

Sus compañeros de reparto salieron en su defensa, incluido Jonny Orsini, quien hace de Malcolm y dice que Hawke es "muy espontáneo con todo. Se ve que encara el personaje con mucha espontaneidad más que de manera muy elaborada. No se parece a ningún otro Macbeth que yo haya visto".

John Glover, quien hace de una de las brujas, vio a Hawke en "Enrique IV" y había esperado trabajar con él por el modo crudo y honesto con el que aborda sus papeles. "Una parte de él es como un osito de peluche, tan abierto y tan inocente. Ahí es donde está Macbeth cuando él comienza", dijo Glover.

Hawke, quien ha estado actuando desde que debutó en "La sociedad de los poetas muertos " a los 18 años, ha estado intercalando teatro y cine. El astro de "Reality Bites", "Gattaca" y "Training Day" trata de apoyar a nuevos artistas y proyectos pequeños de escritores emergentes.

"Tenemos una cultura de celebridad instantánea, de decirle a cualquiera con una pizca de talento que están acabados a los 30", dice. "Si las artes representan la psique de un país, tiene que haber un lugar para algo que linda con lo avant-garde".

Aun si no le gusta a la crítica, Hawke ya ha encontrado a un gran fan en su padre, quien viajó desde Texas para una función de preestreno. James Hawke es un matemático y no un gran admirador del teatro. "La decisión de mi vida siempre le ha perecido una broma sorprendente", dice Ethan Hawke con una sonrisa.

Pero el poder del Bardo dejó al padre de Hawke profundamente conmovido. Esa noche mienrtas cenaban, su padre y su madrastra acribillaron a Hawk con preguntas. "Nadie podía dejar de hablar del tema", dice. "Como una gran canción que quieres volver a escuchar apenas se acaba".