El Gobierno egipcio decidió hoy expulsar al embajador turco en El Cairo y Ankara declaró persona non grata al representante egipcio, en un giro en las relaciones bilaterales, deterioradas tras el golpe de Estado en Egipto.

Tras meses de tensión y acusaciones cruzadas, Turquía y Egipto rebajaron el nivel de representación diplomática a encargados de negocios, profundizando la brecha entre ambos países.

El primer paso lo adoptaron las autoridades de El Cairo, que anunciaron que el embajador turco, Hüseyin Avni Botsali, era persona non grata y le pidieron que abandonara el país.

El portavoz del Ministerio egipcio de Exteriores, Badr Abdel Ati, informó en rueda de prensa de que la decisión es una respuesta a las "posiciones inaceptables" de Turquía que pretenden "predisponer a la comunidad internacional contra Egipto".

También acusó a las autoridades turcas, defensoras del depuesto presidente egipcio Mohamed Mursi, de respaldar reuniones de "organizaciones que procuran desestabilizar" Egipto, en alusión a grupos islamistas que apoyan a los Hermanos Musulmanes.

En cuanto al embajador egipcio en Ankara, Abdel Rahman Salah, que fue retirado en agosto pasado en otro pico de la crisis bilateral, el portavoz explicó que se ha decidido su traslado de forma definitiva a la sede del ministerio en El Cairo.

Ankara ha calificado en numerosas ocasiones de "ilegítimas" a las autoridades surgidas tras el golpe militar del pasado 3 de julio en Egipto, y condenado la posterior represión policial de los islamistas.

Ambos países llamaron a consultas a sus embajadores tras el violento desalojo policial de las acampadas de los seguidores de Mursi en agosto pasado, que causó cientos de muertos en El Cairo.

A principios de septiembre, Ankara decidió que Botsali regresara a El Cairo, pero las autoridades egipcias aseguraron que su representante no volvería a Turquía hasta el cese de la injerencia turca en los asuntos internos de Egipto.

El portavoz egipcio lamentó hoy que Turquía ha primado sus "intereses partidistas e ideológicos" y calificó de "mentiras y desafío a la voluntad del pueblo egipcio" las últimas declaraciones del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan.

Hace dos días, Erdogan insistió en condenar el desmantelamiento de las acampadas de los Hermanos Musulmanes en agosto pasado y en pedir la liberación de Mursi, encarcelado y procesado por instigar a la muerte de manifestantes.

Poco después de que Egipto anunciara la expulsión del embajador turco, Ankara convocó al encargado de negocios de Egipto para anunciarle que el embajador del país árabe es persona non grata.

El Ministerio turco de Asuntos de Exteriores confirmó además que se rebaja el nivel de representación diplomática entre ambos países a encargados de negocios.

Pese a optar por el principio de reciprocidad diplomática, Turquía no pudo expulsar al embajador egipcio debido a que este se encuentra en El Cairo desde que fue convocado en agosto.

Ankara responsabilizó al Gobierno egipcio de la situación creada, mientras que El Cairo culpó a las autoridades turcas del devenir de las relaciones diplomáticas.

Antes de esta medida, el presidente turco, Abdullah Gül, expresó su esperanza de que la decisión de Egipto de reducir el nivel de relaciones diplomáticas fuera "temporal" y que "las cosas mejoren".

Gül declaró a los periodistas en Ankara que Egipto pasa por un "momento extraordinario" e instó a que el país árabe "pueda recuperar la democracia" muy pronto.

El Gobierno islamista moderado de Erdogan fue un firme aliado de Mursi y se alzó tras su destitución como una de las voces más críticas a nivel internacional contra las nuevas autoridades egipcias.

Sin embargo, no es el único país que ve sus lazos con Egipto deteriorados.

Muy susceptibles a cualquier crítica a su política de lucha contra los islamistas o a los juicios abiertos contra los dirigentes de los Hermanos Musulmanes, los actuales gobernantes egipcios han tensado la cuerda con otros países, como Catar e incluso Estados Unidos.