Los estadounidenses no pueden dejar atrás ese momento fatídico, el asesinato del presidente John F. Kennedy. Han pasado cinco décadas y el recuerdo sigue lastimando la memoria, quizás eternamente.

Recuerdan al presidente con la sonrisa lista, sobre quien recayeron tantas esperanzas. Su esposa, con su vestido y sombrero rosa. La caravana presidencial en un soleado día de Dallas. El hombre misterioso que apuntó con un rifle desde una ventana. Lo que es más misterioso aun: el hombre en el montículo de enfrente, quien quizás existió, quizás no. Las imágenes en blanco y negro de los últimos momentos de un líder. Y la manera en que muchos estadounidenses hablan de ellos, como si fuera "la pérdida de la inocencia", lo que nos dejó vulnerables al desasosiego y turbulencia que siguió.

Quizás debemos superarlo, pero no lo hacemos. A partir de ese momento en Dallas, los estadounidenses se niegan a olvidarse de este evento que tanto cambió y que — lo que es más importante — se piensa que cambió mucho más. La historia del mundo avanzó, pero en cierta forma, en este caso se oprimió "pausa", y nunca se soltó el botón.

¿La razón? Muy simple: es un asunto generacional. Todo se debe a la generación de la posguerra, a los llamados "baby boomers". Son ellos los que han mantenido viva la antorcha. Cuando surge la pregunta "¿Dónde estabas cuando mataron a Kennedy?" la mayoría de la gente en Estados Unidos responde "En la escuela". Eso es porque los baby boomers estaban, de hecho, en la escuela ese día. Y ellos son los que forjaron nuestros recuerdos del suceso.

Para esta generación, el asesinato de John F. Kennedy es el evento histórico que alumbró la década de los sesenta, que a su vez repercutió en los años subsiguientes en todas las áreas: la política, la ciencia, el arte, la cultura. Ha sido como una bola de nieve rodando montaña abajo, pasando por una generación y luego otra.

"Fue un asesinato a plena luz del día ... y lo cambió todo", comenta Oliver Stone, el director de cine que hizo la famosa película sobre el asesinato de Kennedy, y quien a su vez un "boomer" que estuvo peleando en Vietnam.

Para bien o para mal, fue el evento que definió a la generación que definió la manera en que percibimos al mundo hoy en día.

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"¿Qué es exactamente un Baby Boomer? Las opiniones son muchas, pero la mayoría de la gente coincide en que se trata de quienes nacieron entre 1946 y el comienzo de la Guerra de Vietnam (aproximadamente 1963). Yo, sin embargo, propongo que en realidad un boomer se define como todo aquél que tiene recuerdo del asesinato de JFK". — Ron Enderland, autor de un blog titulado "I Remember JFK: A Baby Boomer's Pleasant Reminiscing Spot" ("Yo me acuerdo de JFK: la memoria placentera de un baby boomer").

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Definir las características comunes de toda una generación es imposible. Se trata de millones de personas y cada una es diferente. Claro que muchos lo han intentado, especialmente con los baby boomers. Pero siempre fracasan, porque es un grupo demasiado heterogéneo.

Sin embargo, cuando se trata de este suceso histórico, los baby boomers coinciden. Para ellos no se trata sólo de un fin — de una vida, de una presidencia, de una era — sino de un comienzo. Es el comienzo, dicen algunos, del declive de Estados Unidos, del declive en la confianza hacia el gobierno, de un caos socioeconómico y, por supuesto, de la intensificación de la guerra de Vietnam y de las protestas sociales que causó.

"Fue una crisis fundacional ... para esta generación en particular", expresa Art Simon, autor de "Dangerous Knowledge: The JFK Assassination in Art and Film" ("Conocimientos peligrosos: El asesinato de JFK en el arte y el cine").

Añade que el crimen "fue parte de su identidad, de una revisión o crisis de la legitimidad del gobierno. O lo usaron como el momento primario de lo que fue el deterioro de la legitimidad del gobierno".

Muchos de los que han escrito sobre esa generación hablan del asesinato en términos similares. La percepción es que los boomers se sienten en una posición incongruente: a la vez fueron testigos del asesinato y no lo fueron. Por un lado fue un hecho real, pero por otro se ha convertido en una leyenda, un cuento narrado por sus padres, por sus maestros, por la televisión. No tuvieron tiempo de digerirlo sino mucho después.

En 1980, cuando los más viejos de los boomers tenían apenas 34 años y los más jóvenes 16, Landon Y. Jones escribió lo que es quizás la historia definitiva de esa generación: "Great Expectations" ("Grandes expectativas"). Allí, escribió lo siguiente: "Para los baby boomers, este fue el momento más estremecedor de su juventud. El paso del tiempo se paralizó".

Y en 1987, Todd Gitlin escribió lo siguiente en su historia de esa época ("The Sixties: Years of Hope, Days of Rage", "Los años 60: Días de esperanza, días de furia"): "Hay veces en que una cultura entera toma la forma de un solo evento histórico, como trozos de metal unidos por la atracción de un imán. ... La juventud educada había percibido la retórica del presidente, había proyectado en él sus propios ideales. Su muerte se sintió como el derrumbe de la plenitud, la tragedia de la inocencia. Desde la fantasía de creer que todo era posible, súbitamente descendió la noción de que nada lo era".

Eso es lo que ocurre con los eventos históricos, especialmente los que tienen un aura de misterio: se vuelven símbolos sin contenido. Y el asesinato de Kennedy, quizás más que cualquier otro evento en la historia moderna con la posible excepción de los atentados del 11 de septiembre, es el símbolo perfecto para esta generación. Se ha creado toda una mitología a su alrededor: Tan pronto parece quedar en el pasado, surge algo que lo retorna al presente.

No es casualidad que esto sucedió en la presidencia de Kennedy. Fue la primera presidencia estadounidense en que la elaboración del mito se hizo en vivo, con los medios de comunicación en pleno seguimiento, creando el mito de "Camelot" cuya violenta desaparición fue aun más deprimente debido a la narrativa que se había creado. Esa misma narrativa fue expandida una vez que murió la figura principal, primero por su entorno cercano y luego por los medios de comunicación masiva.

Es así como los millones de estadounidenses que vivieron esa experiencia como jóvenes quedaron marcados también por las ediciones de las revistas Life y Look, que sus padres guardaron como reliquia conmemorativa. Hoy, más de 1.000 ejemplares de estos están a la venta en eBay.

Si uno habla con los miembros de esta generación, si uno lee lo que han escrito, y si uno escucha lo que han dicho sobre el asesinato, uno empieza a percibir ciertos temas que se van repitiendo. La nostalgia y el luto son los más obvios, pero hay otros.

Perdura la teoría de que hubo una conspiración oficial, de que hay cosas que las máximas autoridades se negaron a divulgar. En esta época en que se acusa a la NSA de espiar a civiles, esta idea es sumamente emotiva. Si fuese cierto que hubo conspiradores, y si es que están todavía con vida, no tendrían dificultad alguna en esconderse entre la gran multitud de personajes señalados por los hechos. Esto no quiere decir que los promotores de las teorías conspirativas están equivocados, sino que no pueden todos tener la razón al mismo tiempo.

Existe la creencia de que la Guerra de Vietnam se podría haber evitado — o hubiera terminado de otra manera — si Kennedy no hubiese sido asesinado. Hay evidencias a favor de esto, pero también hay evidencias en contra. "El realmente era un hombre que buscaba la paz... no era simplemente un presidente más que falleció", dice Stone.

Y detrás de todo esto perdura el temor de que hubo fuerzas siniestras, misteriosas, responsables del asesinato, que pueden cambiar el rumbo de la historia. Es como pensar "Si pueden hacer ESTO, pueden hacer cualquier cosa".

Lisa Pease, una académica que ha investigado a fondo los asesinatos de la década de los sesenta, expresó esta idea de manera elocuente en una conferencia en Pittsburgh: "Es imperativo conocer la verdad sobre nuestro pasado y nuestro presente a fin de tomar las decisiones correctas para el futuro".

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¿Qué más se puede decir del asesinato de Kennedy? Pareciera que las discusiones nunca acaban. En estos 50 años, tratar de entender el asesinato de Kennedy se ha vuelto un tema casi tan importante como el asesinato mismo.

Simon, el escritor que ha estudiado las obras de arte influenciadas por estos asesinatos, tiene una teoría al respecto. Opina que los "baby boomers" ven todo lo sucedido a partir de los hechos de 1963 a través del prisma de esos fatídicos eventos.

"Lo interesante de la memoria colectiva de los baby boomers es que se basa en gran parte en lo ocurrido durante los años sesenta", expresa Simon. "Y el significado del asesinato de JFK para ellos se contempla a través del prisma de los asesinatos de Robert F. Kennedy, Martin Luther King, la Guerra en el sudeste asiático. Para ellos, el asesinato de Kennedy fue el detonante de todo lo que pasó después".

Es decir, contemplan ese evento en Dallas y le atribuyen significados que no estaban ahí cuando el hecho ocurrió. Y con cada interpretación, la bola de nieve se hace más grande y cobra más impulso.

La gente tiende a atribuirle significados a los eventos históricos, tratando de convencerse de que la historia sigue un rumbo lógico. No es posible, decimos, que las cosas ocurran imprevisible y aleatoriamente, no es posible que un solo hecho, mucho menos uno perpetrado por un solo individuo, pueda destruir lo que se ha logrado durante años. Es por ello, dice Simon, "que nos afecta tanto psicológicamente". Y a nadie ha afectado tanto como a la generación que vivió su juventud en esa época.

No hay indicios de que la tendencia esté atenuándose. Todo lo contrario, a medida que se acerca el 50mo aniversario del evento, los estadounidenses vuelven a examinar los hechos, vuelven a dirigir la mirada hacia atrás.

Prueba de ello es la gran cantidad de productos y mercancía disponibles para conmemorar la efemérides, como por ejemplo la edición especial de la película "JFK", junto con decenas de libros, series de televisión y películas.

Las películas en especial han llamado la atención. "Killing Kennedy" está basada en el libro del periodista Bill O'Reilly, y cuenta con Rob Lowe en el papel de JFK. Otra se llama "Parkland" y narra los hechos en el hospital de Dallas al que fue llevado el mandatario mortalmente herido. Hace unas semanas, USA Today publicó una edición especial conmemorativa, de 48 páginas. Uno de sus titulares decía: "La muerte es el límite entre dos eras".

El mes pasado hubo una reunión de investigadores y expertos en el tema del asesinato, en Pittsburgh y bajo el patrocinio del doctor Cyril Wecht, un patólogo forense que ha dedicado gran parte de los últimos 50 años investigando el asesinato. Hubo una gran cantidad de foros, comisiones e investigaciones.

Pero al echarle un vistazo a uno de los eventos, quedaba claro que la mayoría de los presentes eran de edad mayor, es decir, los baby boomers: En cierto momento Oliver Stone comentó: "Aquí no hay suficiente gente joven".

Los asuntos generaciones pueden resultar peculiares. Lo que para una generación es un hecho fundamental, para otra podría ser algo secundario, una mera acotación al pie de la página. El asesinato de Kennedy sigue repercutiendo en la cultura norteamericana y su sombra afectará a las generaciones futuras. Pero para quienes crecieron con esa experiencia, para quienes vivieron el desenlace de esa turbulenta década y todas las experiencias subsiguientes — hasta el otro hecho histórico que fueron los ataques del 11 de septiembre — nada sería igual.

"En realidad yo me percaté de cuánto esto había cambiado al país años después, cuando yo estaba en la universidad y estudié toda la cadena de sucesos que el asesinato desató, fue como un castillo de naipes que fue derrumbándose, no de manera inmediata sino paulatinamente", escribió Steven Spielberg, nacido en 1946, en el libro "Where Were You? America Remembers the JFK Assassination" ("¿Dónde estabas? Los estadounidenses recuerdan el asesinato de JFK").

El autor Stephen King escribió un libro en el 2011 basado en la hipótesis de qué hubiera ocurrido si alguien pudiese viajar en el tiempo y detener a Lee Harvey Oswald. El libro, titulado "11/22/63", juega con la idea de que el mundo no es lo que aparece, de que las apariencias engañan, y que eso quedó demostrado con el asesinato de Kennedy.

¿Qué más queda por decir? Sobre esto, probablemente siempre habrá algo que decir. Podemos incluso copiar una famosa frase de Kennedy y decir que la antorcha está pasando de una generación a otra. ¿Qué harán con ella? ¿Sería quizás mejor olvidarlo, dejar atrás el pasado? ¿Es eso siquiera posible? Eso es algo que se verá en los próximos 50 años.

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Ted Anthony en Twitter: http://twitter.com/anthonyted .