El día en se que cumplen los cien años del nacimiento del líder más emblemático del Partido Comunista de Portugal (PCP), Alvaro Cunhal, miles de simpatizantes le rindieron hoy un colorido tributo por su papel en la conquista de libertades.

Banderas rojas e himnos como la Internacional tiñeron los alrededores de la plaza de Campo Pequeno de Lisboa para homenajear a Cunhal (1913-2005), un férreo luchador contra la dictadura de António de Oliveira Salazar (1926-1974) y ex secretario general de los comunistas portugueses, hoy la tercera fuerza del país.

Su papel en la conquista de libertades después de la Revolución de los Claveles de 1974, que terminó con el régimen de Salazar, fue recordado por los asistentes, que consideran el legado de Cunhal más vigente que nunca en un país que vive bajo las draconianas condiciones exigidas por la troika de acreedores internacionales a cambio de un préstamo al país.

Amenizado por bandas como la portuguesa "Brigada Víctor Jara", el tributo acabó con un discurso del actual secretario general del partido, Jerónimo de Sousa.

"Dedicó la vida entera a la lucha por los trabajadores y los pueblos", resaltó el dirigente, quien también mencionó los progresos que Cunhal obtuvo para "la clase operaria" de Portugal en la lucha contra el latifundismo, el imperialismo y el fascismo.

Nacido en Coimbra hijo de un abogado republicano y una católica fervorosa, Alvaro Barreirinhas Cunhal se enrola en el Partido Comunista de Portugal en 1931, con apenas 17 años, y posteriormente se licencia en Derecho.

Su oposición a la dictadura de Salazar resulta en 15 años de prisión divididos en distintos periodos durante los que fue sometido al aislamiento y a la tortura militar.

Sin embargo, el 3 de enero de 1960 huye de la prisión-fuerte de Peniche (a 80 kilómetros de Lisboa), en uno de los episodios más llamativos y rocambolescos de la historia reciente de Portugal por los tintes "hollywoodianos" que tuvo la escapada, en la que los comunistas españoles brindaron apoyo.

Exiliado desde los años sesenta en la entonces Unión Soviética y Francia, regresa a su país, ya como secretario general, días más tarde de la revolución del 25 de abril de 1974.

Miembro de los gobiernos postrevolucionarios, es diputado del PCP entre 1976 y 1992, año en el que abandona el liderazgo del partido, y consejero de Estado entre 1982 y 1992.

Una vez apartado de la vida política activa, se centra aún más en la escritura y la pintura, dos pasiones que cultivó en su juventud y durante sus arduos años en prisión.

Ideológicamente se caracterizó por su línea ortodoxa, defendida hasta sus últimos días, que le llevó a respaldar la ocupación soviética de Checoslovaquia durante la "Primavera de Praga" en 1968.

En el año del centenario de su nacimiento, ya le han rendido varios homenajes, entre los que destaca la exposición "Vida, Pensamiento y Lucha: Ejemplo que se Proyecta en la Actualidad y en el Futuro".