El director, guionista y dramaturgo austríaco Michael Haneke advirtió hoy de que la capacidad de diálogo es y tiene que ser una característica indispensable de la producción artística y que el respeto a la autonomía del espectador tiene que prevalecer frente a los intentos de manipulación.

"Demasiadas veces el cine ha traicionado esa regla básica interhumana, que precisamente es también una regla básica de la producción artística. La manipulación sirve para muchos fines, no sólo políticos. También atontando a la gente uno se puede hacer rico", subrayó.

En estos términos se ha expresado el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2013 durante la ceremonia de entrega de los galardones que se ha celebrado hoy en el teatro Campoamor de Oviedo.

En presencia de los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, y de la reina doña Sofía de España, Haneke afirmó, en un discurso pronunciado en alemán, que el cine "es un medio de avasallamiento" que ha heredado las estrategias efectistas de todas las formas artísticas que existían antes que él "y las usa eficazmente".

Tras afirmar que todo el mundo conoce el efecto que producen los cuadros de un tamaño sobrenatural en la gente, el cineasta austríaco señaló que también radica ahí la fuerza del cine y su peligro.

En su opinión, ninguna otra forma artística al margen del cine es capaz de "convertir al receptor en la víctima manipulada de su creador" como esta disciplina.

Tras señalar que ese poder requiere de una responsabilidad por parte del creador que no siempre se asume, Haneke recordó que el cine es la categoría artística más joven y que, como tal, espera "que tenga sus mejores tiempos aún por delante".

No obstante, agregó que pese a la juventud de esta disciplina, también es cierto que "se ha hecho culpable como casi ninguna otra forma de expresión" ya que ni la literatura ni el teatro han conseguido alejarse tanto de su propia vocación.

Para el director de "Amour", su última película, las artes plásticas han llegado como mucho a los carteles de propaganda, y la música, a las marchas militares, pero el cine, "con su peligrosa eficiencia en temas propagandísticos, ha puesto en peligro el destino de miles de personas".

Sin embargo, indicó que tampoco se puede negar sin más a ese tipo de películas su carácter artístico y calificarlas de meros desvaríos porque no se puede negar a cineastas como Riefenstahl o Eisenstein su alta capacidad estética.

Haneke, que fue galardonado esta edición con el Príncipe de las Artes por su "original y personalísima aproximación de radical sinceridad, aguda observación y extrema sutileza a problemas fundamentales que nos conciernen o afectan individual y colectivamente", reconoció en su discurso que es hermoso recibir una distinción así, pero que también entraña una parte difícil, porque conlleva preguntarse por qué se lo han dado a él y no a otro.

El autor de "The Pianist" y "The white ribbon" dijo que, en ese punto, la búsqueda de la razón queda forzosamente sin resultado "porque las decisiones de los jurados y los golpes similares de fortuna o infortunio tienen raíces indescifrables".

"Si se me permite recibir este premio tan respetable y cargado de prestigio en España, me pregunto: ¿qué has hecho tú por España, o tal vez por Asturias, para que sean tan amables contigo", añadió antes de precisar que no ha hecho prácticamente nada de nada salvo poner en escena en el Teatro Real "Cosi fan tutte", de Mozart.

Su presencia en Madrid le llevó a conocer en el Museo del Prado las pinturas negras de Goya que le provocaron una conmoción que, según subrayó hoy, nunca olvidará.

"Creo que esta experiencia con el arte, que me ha conmovido con una vehemencia para mí casi desconocida, puede ser una hermosa ocasión para hablar de aquello por lo que hoy estoy aquí como premiado en la categoría de las Artes: las posibilidades de influencia existentes o inexistentes de la creación artística o cinematográfica contemporánea", afirmó Haneke, antes de advertir de que ni siquiera puede darse por seguro que el cine sea arte.