William Potts ardía en deseos de cambiar el mundo. Pero nada resultó como lo había planeado.

En su sueño de sumarse a la lucha para erradicar la opresión global, Potts dejó la universidad, se convirtió en musulmán y se integró al movimiento de liberación de Namibia. Sin embargo, quedó varado en Liberia, a medio continente de distancia.

Potts regresó a Estados Unidos y en 1984 ocultó una pistola calibre .25 en una férula de yeso; secuestró un avión y lo desvió a Cuba, en uno de los últimos casos de piratería aérea supuestamente revolucionaria.

Para sorpresa de Potts, las autoridades cubanas no le ofrecieron adiestramiento guerrillero. Lo condenaron por piratería aérea y lo encerraron más de 13 años en prisión.

Hoy día, 29 años después de que cambiara a una boina negra y una chaqueta de cuero en el baño de un avión y secuestrara a más de 100 personas que se dirigían de Newark a Miami, Potts se siente optimista de regresar pronto a su país.

Dijo el viernes que funcionarios estadounidenses en Cuba procesan una solicitud de pasaporte que presentó a principios de semana y le indicaron que podría ser completada en cuestión de semanas.

Aunque prácticamente afronta su detención a su regreso, Potts cree que el tiempo que estuvo tras las rejas en Cuba le servirá para evitar una segunda pena larga de cárcel en Estados Unidos.

"Algunas personas creen que yo debería pasar el resto de mi vida tras las rejas, pero no pienso así. Fui sentenciado en una corte judicial reconocida a 15 años de prisión. Cometí el delito y purgué la pena", dijo Potts. "No espero pagar dos veces por un delito por el que ya pagué 15 años", apuntó.

Potts dijo que regresar a su país lo ayudará a superar lo que él reconoce fue un error que puso en peligro las vidas de decenas de pasajeros y que lo separó de sus hermanos y padres en Estados Unidos en una forma que se vuelve más dolorosa a medida que envejece.

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Michael Weissenstein está en Twitter como: https://twitter.com/mweissenstein