Los médicos podrían contar en breve con dos nuevos fármacos contra la hepatitis C en momentos en que este mal hepático se convierte en un problema importante de salud para millones de personas nacidas durante la explosión demográfica en Estados Unidos.

La Administración de Alimentos y Medicinas (FDA en inglés) sostendrá esta semana una reunión pública para revisar dos medicamentos experimentales del laboratorio Johnson & Johnson y de la empresa biotecnológica Gilead Sciences.

Si reciben la aprobación, los nuevos productos podrían ofrecer una vía más rápida y más efectiva para eliminar el virus de la hepatitis C, un mal que se porta en la sangre y al que se atribuyen 15.000 fallecimientos este año en Estados Unidos.

En un análisis difundido el martes en internet, la FDA indicó que el medicamento simeprevir de J&J tuvo tasas de curación ligeramente más altas que los tratamientos disponibles en la actualidad, aunque a algunos pacientes también les provocó sarpullido y manchas como las provocadas por el sol.

La FDA preguntará el jueves a una comisión de expertos externos si la etiqueta del medicamento debe advertir sobre el sarpullido y las manchas. La agencia no está obligada a acatar la recomendación del panel, aunque a menudo lo hace.

La reunión tendrá lugar en momentos en que autoridades federales de salud han exhortado a las personas que nacieron durante el periodo de la explosión demográfica (1945-1965) en el país a que se hagan pruebas para detectarles el virus, el cual puede pasar inadvertido durante décadas hasta que comienzan los síntomas.

Entre tres y cuatro millones de estadounidenses están infectados con el virus de la hepatitis C, y las personas que nacieron en el periodo mencionado tienen cinco veces más probabilidades de ser portadores del mal que las que nacieron en otros años, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Muchas personas nacidas entre 1945 y 1965 contrajeron el virus durante su juventud al compartir agujas o sostener relaciones sexuales con una persona infectada. La enfermedad también se propagó mediante transfusiones sanguíneas antes de 1992, cuando los bancos de sangre comenzaron a someterlas a prueba para detectar si estaban contaminadas con el virus.

"Si no se hace algo pronto, todas estas personas infectadas en la década de 1960 y 1970 comenzarán a experimentar las consecuencias de largo plazo de la enfermedad hepática", dijo Gaston Piccio, jefe de desarrollo del medicamento contra la hepatitis para la unidad Janssen Therapeutics de J&J.

La mayoría de las personas con hepatitis C ni siquiera saben que son portadoras del virus hasta que ha ocurrido el daño en el hígado, lo cual genera dolor abdominal, fatiga, comezón y orina oscura.

Durante la mayor parte de los últimos 20 años, el tratamiento ordinario para la hepatitis C incluía un régimen agotador de un año de píldoras e inyecciones que causaban síntomas similares a la gripe y curaban a menos de la mitad de los pacientes.

Muchos enfermos no lograban completar el ciclo completo del tratamiento, mientras que otros demoraron iniciarlo con la expectativa de que se desarrollaran tratamientos más efectivos.

Dos medicamentos aprobados en 2011 inauguraron un nuevo esfuerzo en el tratamiento de la enfermedad. Según las investigaciones, la adición de dos medicamentos nuevos — el Incivek, de Vertex Pharmaceuticals, y Victrelis, de Merck & Co. — al anterior coctel de fármacos incrementó la tasa de curación a entre 65 y 75%.

Los medicamentos que revisa la FDA esta semana tienen el potencial de elevar aún más las tasas de curación.